Antes de declarar la guerra, consulte primero a los historiadores
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Advertencias de la historia: los peligros de ignorar el pasado antes de la guerra.
A lo largo de la historia, los artífices de la guerra han ignorado con demasiada frecuencia la sabiduría que ofrece la retrospectiva. Desde los antiguos conflictos narrados por Tucídides hasta las catastróficas campañas del siglo XX y el tenso presente, el patrón se mantiene: los líderes políticos entran en guerra con grandes ambiciones, pero acaban desbordados por consecuencias que no supieron prever.
Surge un paralelismo sorprendente entre la época de la Primera Guerra Mundial y la volátil situación actual en Oriente Próximo. La seductora promesa de la tecnología moderna (guerra impulsada por IA, ataques con drones, precisión automatizada) crea una ilusión de control. Sin embargo, como demuestra la historia, las realidades físicas de la geografía y el comercio, como el vital estrecho de Ormuz, pueden echar por tierra rápidamente los planes mejor trazados. El cierre o la interrupción de estas estrechas vías navegables, al igual que ocurrió con los Dardanelos en 1915, no solo conlleva riesgos militares, sino también repercusiones económicas a escala mundial.
Pensemos en la campaña británica de Galípoli, un desastre motivado por la creencia de que la fuerza militar podía resolver los bloqueos económicos y cambiar el rumbo de la guerra. No tener en cuenta la interconexión del comercio mundial y la resiliencia de los adversarios provocó un número enorme de bajas y una retirada ignominiosa. Las lecciones extraídas de este episodio son tan fundamentales hoy como lo eran hace un siglo: los líderes subestiman sistemáticamente los efectos en cadena, juzgan erróneamente las respuestas del enemigo y se dejan llevar por la política interna en lugar de por la pericia militar. Los intereses de los aliados y la dinámica del mercado complican aún más las decisiones, mientras que la presión de la crisis acelera los errores.
Hoy en día, la precipitación hacia el conflicto en Irán refleja estos errores de cálculo milenarios. La confianza inicial en una victoria rápida da paso a un atolladero de costes crecientes, descontento público y la funesta tentación de escalar el conflicto en lugar de dar marcha atrás. El despliegue de más fuerzas —soldados sobre el terreno— se hace eco de errores del pasado, en los que la negativa a aceptar una retirada humillante no hizo más que agravar la situación. La sombra de Vietnam se cierne sobre nosotros, un testimonio de los peligros de redoblar la apuesta en pos de una victoria esquiva.
Mientras tanto, los rivales mundiales observan y se benefician. A medida que la atención, los recursos y la determinación se consumen en Oriente Próximo, surgen oportunidades estratégicas para otros. El cambiante equilibrio de poder es un crudo recordatorio de que la guerra nunca se libra en el vacío; cada movimiento repercute en todos los continentes y en todas las economías.
En momentos de crisis, la sabiduría de los historiadores —adquirida con esfuerzo a lo largo de siglos de sangre y errores— constituye una brújula fundamental. Sin embargo, esa sabiduría suele verse ahogada por la urgencia, el exceso de confianza y el ritmo implacable de los acontecimientos. Queda por ver si los líderes de hoy romperán el ciclo o si, también ellos, se convertirán en otro ejemplo con el que advertir en los anales de la historia.
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