Cómo China reinventó la BRI

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En 2025, todo el mundo daba por perdida la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, la famosa «Nueva Ruta de la Seda». Sin embargo, no solo ha sobrevivido, sino que ha alcanzado un valor de proyectos superior al máximo de 2016: el año pasado se invirtieron 213 500 millones de dólares en proyectos de la BRI, mientras que el superávit comercial chino alcanzó la cifra récord de casi 1,2 billones. Pero el verdadero giro de los acontecimientos es que la BRI ya no es una gigantesca operación de puentes, carreteras y ferrocarriles: hoy se ha convertido en el principal arma de la política industrial de Pekín, un instrumento para exportar el excedente productivo chino, dominar sectores tecnológicos de vanguardia como la tecnología verde y blindar las cadenas de suministro de minerales críticos. ¿Y la paradoja? Cuanto más levanta Occidente barreras con aranceles y derechos de aduana, más se fortalece y se transforma la BRI. Estados Unidos ha elevado los aranceles medios sobre las importaciones chinas hasta el 16 %, el nivel más alto desde 1936. La Unión Europea ha impuesto aranceles de hasta el 45 % a los coches eléctricos chinos. Sin embargo, en lugar de colapsar, la BRI simplemente se ha adaptado: ahora sirve para trasladar la producción china a países con aranceles más bajos, de modo que los productos «made in China» sigan llegando a los mercados occidentales a través de «países puente» como Vietnam, Marruecos o Hungría. Por ejemplo, BYD, el gigante chino de los coches eléctricos, ha abierto una fábrica en Hungría para eludir los aranceles europeos sobre los coches ensamblados en China y, de este modo, conseguir la etiqueta «made in Europe» para sus vehículos. Y Boway Alloys, en lugar de invertir en Vietnam, ha optado por Marruecos, donde el arancel de EE. UU. es de solo el 10 %. Al mismo tiempo, la BRI apuesta ahora por el Sur global, en particular por África, donde en 2025 los proyectos de la BRI aumentaron un 283 %, hasta superar los 61 000 millones de dólares, y las exportaciones chinas al continente aumentaron un 18 %. Pero no se trata solo de vender productos: China invierte masivamente en minas de cobre, aluminio y litio en países como Kazajistán, el Congo e Indonesia, para asegurarse las materias primas estratégicas del futuro. Y aquí llega otra sorpresa: la «nueva» BRI no es en absoluto totalmente ecológica. En 2025, los contratos de la BRI en petróleo y gas ascendieron a 71 500 millones de dólares, más que cualquier inversión en energías limpias. Y, a pesar de la promesa de Pekín de dejar de financiar centrales de carbón en el extranjero, siguen fluyendo miles de millones hacia instalaciones «off-grid» que abastecen a minas e industrias chinas repartidas por todo el mundo. Todo esto no es casualidad, sino una estrategia deliberada para resolver un grave problema interno: China produce demasiado y consume muy poco. En 2025, aproximadamente el 24 % de las empresas industriales chinas operaban con pérdidas, y se mantenían a flote gracias a préstamos públicos y subvenciones por un valor del 4,5 % del PIB. Para sobrevivir, deben exportar a toda costa. Por eso, las exportaciones de tecnologías verdes —coches eléctricos, baterías, paneles solares— se han disparado: solo el año pasado, las exportaciones de vehículos eléctricos, baterías de litio y paneles aumentaron un 27 %, y las de aerogeneradores, nada menos que un 48 %. Pero también existe una nueva arma: no solo carreteras y puertos, sino una red de acuerdos comerciales y tratados de libre comercio que actúa como el «software» de la BRI. China ha suscrito megatratos como la Asociación Económica Integral Regional, que abarca el 30 % de la economía mundial, y ha eliminado por completo los aranceles sobre los productos procedentes de 53 países africanos. De este modo, Pekín está construyendo un bloque comercial centrado en sí mismo, difícil de eludir incluso para Washington. Sin embargo, esta victoria china tiene un coste oculto para los países emergentes: las industrias locales corren el riesgo de verse aplastadas por la competencia china, como ya ocurre en el Sudeste Asiático en los sectores del acero y el textil. El riesgo es que el Sur global acabe atrapado en la «trampa de la renta media», sin llegar a desarrollar nunca sus propias industrias. Aquí reside el verdadero vuelco de la situación: mientras Occidente piensa en aislar a China con aranceles, Pekín ha convertido precisamente esos muros en trampolines para su nueva ofensiva industrial mundial. Y la BRI, lejos de estar muerta, se ha convertido en el cinturón de seguridad de la economía china. Hoy en día, la BRI no solo conecta ciudades y puertos: conecta intereses estratégicos, industrias, recursos y mercados, lo que hace que China resulte casi imposible de aislar. Si pensabas que los aranceles habían acorralado a China, basta con mirar las cifras para ver que lo único que ha cambiado es el campo de juego. En Lara Notes hay un gesto que no encontrarás en ningún otro lugar: I’m In. No es un corazón, no es un pulgar hacia arriba. Es tu declaración: esta perspectiva ahora te concierne a ti. Y si dentro de unos días te sorprendes diciendo «He oído algo increíble sobre cómo China elude los aranceles», en Lara Notes puedes volver y etiquetar a la persona que te acompañaba. Se llama Shared Offline. Esta Nota procede de Foreign Policy y te ha ahorrado unos 18 minutos en comparación con el artículo original.
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