Cómo China se está haciendo con el futuro

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Un carguero chino llegó al Reino Unido en 2025 después de cruzar directamente el Ártico, ahorrando semanas respecto a las rutas tradicionales. Parece solo una cuestión de logística, pero detrás hay una realidad diferente: la partida por el futuro ya no se juega únicamente en torno a los aranceles o los microchips, sino a quién consigue reescribir las reglas en territorios donde hasta ahora mandaba la naturaleza: los fondos oceánicos, los polos, el espacio, internet y las finanzas globales. La idea generalizada es que China va a la zaga de Estados Unidos en estas fronteras. Sin embargo, la realidad es que a menudo es China la que lidera la carrera, eligiendo con calma dónde invertir y cómo reescribir las reglas, mientras que Estados Unidos defiende posiciones adquiridas sin darse cuenta de que el terreno bajo sus pies está cambiando. Xi Jinping lo dice sin rodeos: «Podemos participar en la construcción de los nuevos campos de juego desde el principio, para poder escribir las reglas de los nuevos juegos». En otras palabras: China no solo quiere que la inviten a la mesa, sino que quiere elegir el menú. Tomemos el caso de los fondos oceánicos. En los años 70, una empresa estadounidense había prometido extraer minerales estratégicos del Pacífico, pero nunca obtuvo los permisos. Mientras tanto, China, casi en la sombra, empezaba a construir su flota de buques de investigación y prototipos para la extracción submarina. Hoy en día, Pekín tiene más contratos de exploración minera bajo los auspicios de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos que cualquier otro país, y sus expertos están presentes en todos los comités que deciden las normas. Xi declaró: «En las profundidades marinas no hay carreteras. No necesitamos seguir a los demás: nosotros somos el camino». Pero no siempre todo va sobre ruedas. China y otros países suelen estar en bandos opuestos en cuestiones medioambientales o militares, como cuando China bloqueó una moratoria sobre las licencias de extracción para proteger los ecosistemas marinos, quedando aislada frente a decenas de Estados contrarios. En las zonas polares, la estrategia es similar: inversiones en investigación, alianzas con países como Rusia e intentos de sentarse en las mesas que importan. Pero Canadá, Dinamarca y Suecia han empezado a rechazar las inversiones chinas por motivos de seguridad, e incluso Rusia mantiene las distancias cuando se trata de la gobernanza del Ártico. Sin embargo, con el deshielo progresivo, la ruta ártica utilizada por el carguero Istanbul Bridge no es más que un anticipo de una nueva temporada de competencia. La carrera espacial es aún más emblemática: China ya ha enviado más de 700 satélites a órbita, un tercio de ellos para uso militar, y pretende enviar una misión tripulada a la Luna en pocos años. Ha creado una base lunar junto con Rusia, la Estación Internacional de Investigación Lunar, como alternativa al programa Artemis liderado por Estados Unidos. Pero, en este caso, China se gana sobre todo a países que aún no tienen una verdadera presencia espacial, mientras que la mayoría de los Estados prefieren colaborar con la NASA, que ofrece más transparencia y la posibilidad de enviar astronautas a la Luna. Luego está la batalla «invisible» en la red: China quiere sustituir los protocolos de Internet por una nueva arquitectura, llamada New IP, que permitiría un control centralizado del tráfico de datos; en la práctica, un Internet en el que el Estado pueda cerrar o aislar partes enteras de la red a su antojo. Occidente ha respondido con un muro de oposición, pero China no se ha detenido: ha vuelto a proponer versiones de la misma idea en varios organismos internacionales y ya ha probado sistemas similares en diversos países africanos. Otro frente es la moneda: China lleva años presionando para que se acepte el renminbi en lugar del dólar en el comercio internacional. Tras una década de intentos, hoy casi el 29 % de las exportaciones chinas se liquidan en renminbi, y el sistema de pagos alternativo a SWIFT ya conecta a 1700 bancos en todo el mundo. Las cifras siguen siendo pequeñas —el renminbi solo cubre el 2,9 % de los pagos mundiales—, pero la tendencia es clara: China quiere un sistema financiero en el que el dólar ya no sea intocable. Aquí, la paradoja es que las propias sanciones occidentales, y la política arancelaria estadounidense, han acelerado el deseo de diversificar. Detrás de cada historia hay personas y detalles que explican el método chino: Xi, que transforma una frase sobre la «búsqueda de tesoros en las profundidades marinas» en una estrategia industrial de veinte años; científicos chinos que trabajan en silencio para colocar a uno de los suyos en cada comisión clave; funcionarios que recorren el mundo proponiendo alianzas a Estados aislados o en busca de nuevas infraestructuras digitales. Pero si se observa el mapa de los éxitos, ninguna de estas estrategias ha triunfado realmente en todos los frentes. En todos los ámbitos —desde los océanos hasta el espacio—, China ha ganado influencia, pero a menudo sigue estando aislada en lo que respecta a las normas, ya que las economías emergentes aceptan las ventajas, pero no se suman plenamente a la visión china. Aquí está el contrapunto que suele faltar en la historia: el éxito de China no reside en la conquista total, sino en su capacidad para resistir, adaptarse y seguir avanzando incluso cuando el mundo no la sigue de inmediato. Cada ámbito —el mar, los polos, el espacio, las redes, la moneda— es un laboratorio para probar nuevas formas de obtener poder, y China no se detiene ante las puertas cerradas. Al final, la frase que hay que recordar es esta: China no solo está participando en el juego global, sino que está trabajando para cambiar las reglas mientras el juego está en marcha. Si esta perspectiva te ha hecho ver China con otros ojos, en Lara Notes puedes declarar I'm In. Elige si se trata de una convicción tuya, de una experiencia o simplemente de una curiosidad. Y cuando te encuentres contando a alguien la historia del carguero en el Ártico o del nuevo internet chino, puedes marcar la conversación con Shared Offline, para que quede constancia de que esta idea ha pasado realmente de unas personas a otras. Esta nota procede de Foreign Affairs y te ahorra 19 minutos de lectura.
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