¿Cómo ha cambiado la Tierra en 58 años?: Lo que revela la comparación entre las icónicas fotos de nuestro planeta tomadas por el Apolo 8 y por la Artemis II
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Cuando Frank Borman, comandante del Apolo 8, vio la Tierra asomarse sobre la superficie gris y desierta de la Luna en 1968, no fue solo un momento histórico: fue la primera vez que la humanidad se vio a sí misma desde fuera, como un pequeño punto de color flotando en el vacío. Esa imagen, conocida como Earthrise, cambió la forma en que pensamos sobre el planeta e incluso dio lugar al Día de la Tierra solo dos años después. Ahora, casi seis décadas después, los astronautas de la misión Artemis II han recreado ese momento con una nueva foto llamada Earthset, que muestra de nuevo nuestro mundo azul desde la órbita lunar. Pero esta vez la pregunta es otra: ¿qué ha cambiado entre esas dos fotos? Nos gusta pensar en la Tierra como algo permanente, pero en solo 58 años el planeta ha cambiado más de lo que parece. La idea general es que el cambio climático es lento y casi invisible a escala humana, pero las imágenes espaciales cuentan otra historia: en poco más de medio siglo, el color y la textura del planeta han variado tanto que ahora podemos verlo incluso desde la Luna. La tesis es clara: la Tierra se transforma a una velocidad que ya no es geológica, sino humana, y cada generación de astronautas lo está documentando sin querer. Frank Borman, Bill Anders y Jim Lovell fueron los protagonistas del Apolo 8. Borman, que falleció en 2023, nunca pensó que su misión sería recordada más por una foto de la Tierra que por la exploración lunar. En sus palabras: «Creo que ninguno de nosotros se dio cuenta de que iríamos hasta la Luna y estaríamos más interesados en observar la Tierra». Esta frase resume el giro inesperado: viajamos para mirar hacia fuera, pero acabamos obsesionados con lo que dejamos atrás. En la nueva misión Artemis II, la tripulación decidió no atribuir la foto Earthset a una sola persona, sino a todo el equipo. Sian Proctor, astronauta de la misión Inspiration, lo explica así: «El Apolo 8 cambió nuestra visión del planeta, y creo que eso es lo que necesitamos ahora mismo: más inspiración». Fíjate en los datos concretos: desde 1968, el dióxido de carbono atmosférico ha aumentado en un tercio y la temperatura global, en al menos un grado. Zonas como la península Antártica se calientan más rápido que casi cualquier otro lugar, y 28 000 kilómetros cuadrados de plataforma de hielo han desaparecido en ese periodo, según el glaciólogo Benjamin Wallis. El mar de Aral se ha reducido a menos del 10 % de su tamaño original. Según Petra Heil, del British Antarctic Survey, entre el 90 y el 95 % de estos cambios se deben a la actividad humana. Las imágenes lo muestran: bosques talados, ciudades en crecimiento y nieve que llega tarde y se derrite antes. Pero la comparación va más allá de la ciencia. Kathleen Rogers, presidenta de la red del Día de la Tierra, recuerda que, en 1968, aunque la Tierra parecía perfecta desde el espacio, en ciudades como Los Ángeles la contaminación era tan densa que no podías ver el otro lado de la calle y los ríos literalmente ardían. La belleza de la imagen contrastaba con el desastre que vivíamos abajo. Sin embargo, esa imagen inspiró a millones de personas a fundar el movimiento ecologista. Hay un detalle sorprendente: la famosa foto Earthrise se tomó por pura casualidad; no estaba en el plan original de la NASA. En cambio, para Artemis II, la agencia se aseguró de repetir el momento, consciente del poder que tiene una imagen para cambiar nuestra forma de ver el mundo. Y, aunque ahora tenemos miles de satélites y cámaras que transmiten la Tierra en tiempo real, nada sustituye a la emoción de una imagen captada por un ser humano que decide, en un instante, qué cuadro inmortalizar. El enfoque opuesto a todo esto es pensar que, con tanta información y tecnología, las fotos ya no importan, que su impacto se diluye en el exceso de imágenes. Pero el hecho de que la NASA planifique rituales visuales como estos demuestra lo contrario: seguimos necesitando ese recordatorio de que la Tierra es finita, vulnerable y única. Ser testigos de estos cambios desde la Luna nos obliga a ver el planeta como un jardín frágil, no como una propiedad eterna. La frase que lo resume: en 58 años, la Tierra dejó de ser un fondo inmutable y se convirtió en una protagonista que pide auxilio en cada foto. Si este viaje visual te ha hecho ver el planeta con otros ojos, en Lara Notes puedes marcar I'm In: así declaras que esta idea ya forma parte de tu forma de ver el mundo. Y, si acabas contándole a alguien la historia de las dos fotos —la del Apolo 8 y la del Artemisa II—, puedes usar Shared Offline para dejar constancia de esa conversación que vale la pena recordar. Esto viene de BBC News Mundo y te ha ahorrado más de ocho minutos de lectura.
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