Cómo la extrema derecha está manipulando a la opinión pública | Jeremy Corbyn
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Cuando Jeremy Corbyn toma la palabra en el Parlamento y pregunta: «Cuando estáis en el hospital, ¿realmente os negáis a que os atienda una enfermera africana o un médico asiático? ¿O os negarías a que os atendiera un inmigrante?», la pregunta no es retórica. En ese momento, incluso quienes defienden la retórica antiinmigración, al enfrentarse a la vida real, se dan cuenta de que el miedo a los «diferentes» se desvanece y solo queda la realidad: la humanidad está por encima de todo. Sin embargo, la política y los medios de comunicación siguen consiguiendo empujar a millones de personas hacia respuestas opuestas. A menudo pensamos que el auge de la extrema derecha es una reacción visceral, una avalancha repentina de odio hacia quienes son «otros». Pero Corbyn invierte la perspectiva: la derecha radical cobra fuerza donde la izquierda y los socialdemócratas han dejado un vacío. Para él, el problema no es la inmigración, sino la desaparición del empleo estable, la desindustrialización y la falta de inversión pública. En las ciudades olvidadas del norte de Francia, del este de Alemania, de Gales o del norte de Inglaterra, las fábricas han cerrado, los puestos de trabajo fijos han desaparecido y nadie los ha sustituido. Ahí es donde la derecha encuentra terreno fértil, al ofrecer una explicación sencilla y errónea: «La culpa es de los inmigrantes». Pero Corbyn insiste: es una mentira y, además, una maniobra astuta. Habla de parlamentarios del Partido Reformista que, en sus discursos, describen la pobreza en las ciudades británicas y luego, con un giro teatral, lo relacionan todo con los «refugiados que cruzan el Canal de la Mancha». Una maniobra que él califica de «totalmente absurda, pero muy inteligente». Corbyn no se limita a denunciar a la derecha: también acusa a la izquierda oficial, la que, en toda Europa, se ha desplazado hacia la derecha y ha adoptado, casi palabra por palabra, la retórica antiextranjeros. Pone un ejemplo concreto: Keir Starmer, actual líder laborista, ha afirmado que el Reino Unido corre el riesgo de convertirse en «una isla de forasteros» y que es necesario «recuperar el control de las fronteras», empleando —según Corbyn— las mismas palabras que Enoch Powell, famoso por sus discursos racistas en la década de 1960. Pero, según Corbyn, la Historia aún puede deparar sorpresas. Relata cómo, cuando era un joven parlamentario, luchó por la liberación de los Cuatro de Guildford, cuatro jóvenes irlandeses condenados injustamente por terrorismo. No solo se ganó el desprecio de los medios de comunicación y de su propio partido, sino que aprendió por experiencia propia el poder que tiene el «establishment» para aplastar a quienes se oponen a él. Sin embargo, al final, esos jóvenes fueron puestos en libertad. Hoy, afirma, se repite la misma lógica del chivo expiatorio: la crisis no es culpa de los recién llegados, sino de quienes han mermado los recursos y el empleo. Y, en la práctica, mientras en Gran Bretaña hay más de 130 000 puestos vacantes en el sector de la asistencia social, se sigue deportando a los trabajadores inmigrantes que cubren esos huecos. Se trata de un cortocircuito que afecta a todo el mundo: quien acude al hospital quiere que le atiendan, no saber de dónde viene la enfermera. Pero hay un elemento que Corbyn añade y que casi nadie menciona: la derecha radical, aunque predique el odio a los extranjeros, también propone políticas económicas de «verdadera izquierda», como la nacionalización del agua o del acero, para atraer a quienes se sienten abandonados. Una trampa que funciona porque la izquierda tradicional ha dejado de defender realmente a quienes están en peor situación. ¿Cuál es el punto ciego de muchos analistas? Creer que el problema es únicamente la propaganda de la derecha. Para Corbyn, en cambio, el verdadero error es dejar que la gente busque respuestas donde la izquierda ya no escucha. Al fin y al cabo, su frase más contundente es esta: «Cuando se trata de la vida real, la humanidad es lo primero». Si esta perspectiva te ha hecho sentir algo, en Lara Notes puedes indicar que ahora forma parte de tu forma de ver el mundo: se llama I'm In. Y si por casualidad hablas de ello con alguien que cree que la culpa siempre es de los demás, puedes volver aquí y etiquetar esa conversación con Shared Offline: una forma de recordar que las ideas que importan siempre surgen del diálogo auténtico. Esta nota procede de The Institute of Art and Ideas y te ha ahorrado más de una hora de entrevista.
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