Cómo luchar contra el socialismo de la generación Z
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Hay una nueva ola de socialismo que se está haciendo notar en Europa y América, y esta vez el impulso proviene de los veinteañeros, de la que todos llaman Generación Z. Lo sorprendente es que sus ideas —como el control de precios, los fuertes impuestos sobre la riqueza y la nacionalización de grandes sectores— están ganando terreno a una velocidad que pocos esperaban. No es solo nostalgia por el pasado, es una rabia hacia el presente, acelerada por acontecimientos como la guerra de Gaza, que ha encendido la mecha y ha dado a los movimientos una nueva fuerza. La tesis de partida es la siguiente: nos hemos convencido de que el socialismo es cosa de viejos nostálgicos, pero hoy en día son precisamente los jóvenes los que quieren cambiar el sistema, y utilizan herramientas que parecían obsoletas, pero con un consenso que nadie había previsto. Siempre pensamos que quienes abogan por más Estado y menos mercado se han quedado atrás en el tiempo, mientras que son los más jóvenes los que han vuelto a cuestionar los pilares de la economía libre. Zack Polanski, por ejemplo, es el nuevo líder del Partido Verde británico y en pocos años ha pasado de ser un activista a convertirse en una figura nacional, al frente de una generación que exige cambios radicales. Al otro lado del océano, Zohran Mamdani se ha convertido en alcalde de Nueva York impulsando las mismas ideas: más impuestos a los ricos, más servicios públicos financiados por los multimillonarios y más control de los precios. Jean-Luc Mélenchon, a quien muchos daban por acabado, se presenta por cuarta vez a la presidencia francesa, y esta vez son precisamente los veinteañeros los que lo impulsan, no los nostálgicos de los años setenta. Hay una escena que refleja bien este cambio: durante un mitin de Mélenchon en París, la mayoría de las pancartas y los gritos procedían de los jóvenes, no de los jubilados. Y hay un dato que da que pensar: en las últimas elecciones francesas, más del 40 % de los menores de 25 años eligieron a candidatos abiertamente socialistas o comunistas, un porcentaje que no se veía desde los años ochenta. Pero la verdadera diferencia con el pasado es la narrativa: estos nuevos líderes ya no hablan de sacrificios colectivos, sino que prometen que el dinero llegará «quitándoselo a los multimillonarios», como suele decir Mamdani. La historia personal de Polanski es emblemática: hijo de inmigrantes, criado en viviendas sociales, siempre ha dicho que ha visto de cerca lo que significa tener que elegir entre pagar el alquiler o recibir atención médica. Esta experiencia se ha convertido en su arma: ya no es teoría, sino batallas vividas en primera persona. El apoyo no llega solo porque sus ideas sean radicales, sino porque se viven como reales, ya no como utopías lejanas. Quienes se oponen a este nuevo socialismo a menudo se limitan a decir que es «poco realista» o «perjudicial para la economía», pero la fuerza de estos líderes es su capacidad para transformar el descontento en una propuesta concreta: menos desigualdad, más Estado, más control. Y aquí llega el punto que casi nadie discute: si la respuesta a esta ola es solo defender el pasado y citar estadísticas sobre la eficacia del mercado, se corre el riesgo de parecer sordos a la realidad que viven los jóvenes hoy en día. Quizás el verdadero error de quienes combaten el nuevo socialismo es pensar que los datos y el miedo al declive son suficientes para detener un movimiento que nace de historias reales y de una rabia auténtica. Al fin y al cabo, la Generación Z está reescribiendo las reglas del debate: el socialismo ya no es una reliquia, sino una bandera de quienes tienen veinte años y lo quieren todo, ya. Si esta inversión de perspectiva te ha impactado, en Lara Notes puedes declararlo con I'm In: significa que esta idea ahora forma parte de tu forma de ver las cosas. Y si te encuentras hablando de Mélenchon o Mamdani con alguien, en Lara Notes Shared Offline puedes marcar esa conversación como especial. Esta idea proviene de The Economist y te ahorra al menos 4 minutos de lectura.
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