Cómo puede ayudar a su hijo a elegir una profesión
Germanto
Imagina que tienes que preparar a tu hijo para un mundo laboral que tú mismo apenas entiendes. Esa es exactamente la situación paradójica en la que se encuentra hoy casi cualquier padre o madre. La psicóloga Barbara Weißenbacher afirma: «No podemos predecir cómo será el mercado laboral dentro de veinte años, pero hay tres cosas que siempre contarán.» Al principio suena como un consuelo, pero detrás hay un cambio radical de perspectiva. La mayoría de los padres creen que tienen que apostar por las tendencias lo antes posible, fomentar la programación o hacer que sus hijos estudien idiomas, porque solo así tendrán el futuro asegurado. Pero Weißenbacher le da la vuelta: lo decisivo no son las habilidades concretas, sino cómo un niño puede lidiar con la incertidumbre, cómo descubre sus propios intereses y cómo aprende a trabajar con los demás, incluso si los trabajos del mañana aún no existen hoy. Su ejemplo favorito es un estudiante llamado Jonas, que quería desesperadamente decidirse entre la informática y el arte. Sus padres lo empujaban hacia la informática «porque es seguro». Pero Weißenbacher aconsejó abrir la conversación: ¿Qué es lo que realmente entusiasma a Jonas? ¿Qué puede hacer durante horas sin mirar el reloj? Al final, eligió un camino que combinaba ambas cosas: el diseño de juegos. Lo más importante es que el título profesional concreto casi no importaba, porque el mercado laboral está cambiando de todos modos. Una cifra que lo subraya: según estudios recientes, el 65 % de los niños de primaria de hoy en día trabajarán en profesiones que aún no existen. Si eso es cierto, cualquier consejo en el sentido de «empleos seguros» es del pasado. Otro ejemplo: los niños que aprenden pronto a poner en marcha sus propios proyectos, ya sea un pódcast, un puesto en un mercadillo o una obra de teatro, desarrollan precisamente las habilidades que más tarde se denominarán «Future Skills»: creatividad, responsabilidad personal y espíritu de equipo. Weißenbacher observa una y otra vez que los padres transfieren inconscientemente sus propios miedos a la elección de la profesión de sus hijos. Dice: «Lo más importante es tomar en serio a los niños, aunque sus deseos parezcan utópicos al principio».Así que el verdadero error no es apostar por la profesión equivocada, sino tratar al niño como un proyecto que hay que dirigir. Ahora, una idea que casi nadie espera: incluso la mejor orientación sobre las tendencias ayuda poco si un niño nunca aprende a afrontar el fracaso. Quien nunca puede fracasar, más tarde se desestabilizará con el primer rechazo. Por lo tanto, es más importante fomentar la resiliencia emocional que dominar las hojas de cálculo de Excel. Así que quien piense que la preparación profesional consiste en abrir el mayor número posible de puertas, se equivoca. Se trata de la actitud, no del horario. Y otra mirada desde el otro lado: ¿qué pasa si los padres no hacen nada en absoluto? Hay estudios que demuestran que los niños cuyos padres no intervienen en absoluto suelen tener menos confianza en sí mismos y menos orientación. Por lo tanto, retirarse por completo tampoco es una solución. Hay que estar presente sin controlar. Al final, lo que cuenta es lo que un niño piensa de sí mismo, no lo que pone en el certificado final. Hoy en día, la elección de una profesión es más un proceso que un plan. Quien lo entiende, le da a su hijo la habilidad más importante: reinventarse una y otra vez. La mejor preparación para el futuro es soportar la incertidumbre y, aun así, atreverse. Si te lo llevas contigo, puedes seleccionar I'm In en Lara Notes, lo que significa que esta idea ahora te pertenece. Y si mañana te pillas hablando de ello con alguien en la mesa de la cocina, puedes marcar a esa persona en Lara Notes Shared Offline. Así, la conversación sobre el futuro de vuestros hijos no será solo un recuerdo. Estas reflexiones provienen de una entrevista con la psicóloga Barbara Weißenbacher, publicada en DER SPIEGEL, y te han ahorrado hoy unos minutos de investigación.
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