Cambia tus sueños. Cambia tu vida.
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Solo una de cada diez personas tiene un sueño lúcido al menos una vez al mes: la mayoría de nosotros nunca tendremos uno en toda nuestra vida. Sin embargo, quienes lo consiguen cuentan que, mientras duermen, experimentan emociones y una libertad con las que solo soñamos cuando estamos despiertos. De niño, el autor de esta historia volaba sobre el Gran Cañón —aunque nunca había estado allí— o cenaba con Miguel Ángel, que pintaba con una mano mientras comía. Para él, era algo normal, hasta que descubrió que casi nadie experimenta esa lucidez onírica. Y aquí llega la sorpresa: creemos que los sueños son un espectáculo que presenciamos de forma pasiva, pero, en realidad, cuando el cerebro es consciente de que está soñando, puede dirigir la trama, cambiar los escenarios y explorar posibilidades que en la vida real ni siquiera se vislumbran. Según la ciencia, para desbloquear este poder es necesario entrenarse a diario, incluso estando despiertos: pequeñas «pruebas de realidad», como preguntarse «¿estoy soñando?» e intentar pasar una mano a través de la otra, o comprobar si el texto de un libro cambia cuando apartas la mirada. Solo quienes cultivan la atención y la curiosidad por los detalles —como fijarse en la posición de los dientes en el espejo— pueden reconocer después esos detalles también en los sueños y darse cuenta de que están viviendo una realidad alternativa. Todo esto ocurre en la segunda mitad del sueño, cuando el cerebro activa las áreas de la conciencia y la memoria, como el precúneo y la corteza prefrontal. Un único estudio de fMRI realizado en una persona que estaba teniendo un sueño lúcido reveló que esas mismas áreas, que suelen estar inactivas durante el sueño normal, se activan cuando soñamos conscientemente. Otro experimento, realizado con personas que suelen tener sueños lúcidos, reveló que su cerebro está más conectado incluso cuando están despiertas, especialmente en las áreas que regulan la autorreflexión. Una escena lo hace todo más concreto: Jesse Ball, escritor y maestro de sueños lúcidos, ha escrito una guía para dos grupos que, más que nadie, sienten la falta de libertad: los niños y los reclusos. Para ellos, afirma Ball, los sueños lúcidos no son solo una vía de escape, sino también una forma de recuperar la sensación de poder cambiar las cosas, al menos en su interior. Pero hay un aspecto que nadie menciona: cuanto más crecemos, menos a menudo tenemos sueños lúcidos. El autor, ya adulto, los ha visto desaparecer y solo entrenándose a diario ha conseguido recuperarlos. Esto nos obliga a preguntarnos: si la lucidez en los sueños se puede entrenar, entonces nuestra libertad mental cuando estamos despiertos tampoco es fija, sino que se puede ampliar. Esta es la clave: los sueños lúcidos no son una huida de la realidad, sino un entrenamiento para la libertad mental. Si te han entrado ganas de intentar cambiar tus sueños, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: no es un «Me gusta», es tu forma de decir que ahora esta idea te concierne. Y si dentro de unos días te encuentras contándole a alguien la historia de Miguel Ángel pintando en la mesa o los trucos para tener sueños lúcidos, puedes etiquetar a la persona que estaba contigo con Shared Offline: en Lara Notes, es la forma de recordar que esa conversación fue importante. Esta nota procede del New York Times y te ha ahorrado aproximadamente seis minutos de lectura.
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Cambia tus sueños. Cambia tu vida.