China ha ganado

Italianto
Cuando China se incorporó a la Organización Mundial del Comercio en 2001, su valor añadido manufacturero era la mitad que el de Estados Unidos. Hoy es el doble. En veinte años, el centro de la producción mundial se ha desplazado tanto que, entre los diez puertos comerciales más importantes del mundo, ya no hay ninguno en Europa ni en Estados Unidos: seis están en China y uno en Singapur. He aquí el primer cambio radical: ya vivimos en el siglo asiático. La idea de que en el futuro Asia será la protagonista ya no es una predicción, sino la realidad que nos rodea. El modelo occidental, especialmente el estadounidense, ya no es el único referente en materia de crecimiento, innovación y formación. La tesis es la siguiente: China ha ganado. No en el sentido de que se haya convertido en la nueva América, sino porque ha impuesto sus propias reglas en muchos de los retos clave del presente: desde la fabricación hasta las tecnologías limpias, desde la cadena de suministro de semiconductores hasta la capacidad de planificar a largo plazo. Y esta victoria tiene un rostro: Wang Huning. Profesor de Ciencias Políticas en Shanghái, traductor de clásicos occidentales y viajero curioso, en la década de 1980 recorrió Estados Unidos para estudiar el secreto de su fortaleza. En su libro «America contra America», le sorprende la capacidad estadounidense de transmitir a las nuevas generaciones la pasión por la ciencia: en el Museo de Ciencia e Industria de Chicago observa que incluso el aparcamiento es gratuito, porque el acceso al conocimiento debe ser universal. Pero Wang también ve todas las contradicciones: la riqueza no basta para resolver los problemas sociales, Silicon Valley es el reino de la innovación y de las personas sin hogar. En 1995, Wang abandonó su carrera universitaria para incorporarse al núcleo del Partido Comunista Chino. Desde entonces, ha sido el único intelectual que ha permanecido en la cúpula con tres líderes diferentes, el hombre que llevó a la sala de botones la idea de que el verdadero adversario de Estados Unidos es… el propio Estados Unidos, capaz de autosabotearse. Su visión se ha convertido en la estrategia de China: aprenderlo todo de Occidente y, a continuación, superarlo apostando por la formación, la industria y una concepción del tiempo que se proyecta en milenios, no en décadas. Aquí está el dato que impresiona: China tiene hoy una capacidad de fabricación que duplica a la estadounidense, y en las clasificaciones de patentes de inteligencia artificial aparecen casi exclusivamente entidades chinas y estadounidenses, con universidades chinas como la de Zhejiang por delante de gigantes como Google y Microsoft. Y no es solo una cuestión de cifras: State Grid Corporation, que gestiona la red eléctrica china (y también posee una participación en la red italiana), se encuentra entre las diez primeras empresas del mundo en patentes de IA. La innovación china es práctica y se basa en las infraestructuras y en la producción real, no solo en el software. Pero la frase que lo cambia todo procede de Michael Froman, actual presidente del Council on Foreign Relations y antiguo representante comercial de Estados Unidos. En un artículo publicado en Foreign Affairs, escribe: «En la guerra por establecer las reglas, la batalla ha terminado; al menos por ahora, China ha ganado». Y la historia nos advierte contra las profecías erróneas: en la década de 1980, todo el mundo estaba seguro de que Japón superaría a Estados Unidos. No sucedió, porque Japón no contaba con bases autónomas, ni con la envergadura demográfica o militar necesaria. Pero China, con sus planes quinquenales y cien millones de miembros del Partido, es diferente: piensa y actúa a largo plazo, se considera heredera de una civilización milenaria y utiliza esta conciencia para posicionarse como el centro de gravedad del mundo. ¿Qué le falta a Occidente? La capacidad de pasar de la teoría a la práctica. Pongamos por caso las tierras raras: desde hace quince años se anuncia el fin de la dependencia de China, pero China sigue controlando la cadena de suministro mundial. O la industria manufacturera: Estados Unidos depende del capital humano asiático para innovar, pero no consigue reconstruir una base productiva nacional. Y aquí entra en juego la definición de «tigre de papel»: sin los talentos chinos e indios, Silicon Valley se vendría abajo. La paradoja es que las universidades estadounidenses siguen siendo el imán mundial de los mejores cerebros: en el último curso académico, 330 000 estudiantes indios y 277 000 chinos estudiaban en Estados Unidos. Sin embargo, cada vez más talentos optan por quedarse en su país. Existe el riesgo de autosabotaje: mientras China sigue invirtiendo en formación, ciencia e infraestructuras, Estados Unidos se divide, recorta la inmigración, discute sobre sus universidades y pierde la capacidad de hacer cosas concretas. Sin embargo, hay que tener cuidado: esta victoria china es parcial y quizá temporal. La población china está envejeciendo, India ya es más joven y más poblada, y el sistema autoritario chino tendrá que afrontar, tarde o temprano, un dilema existencial entre la prosperidad económica y la exigencia de libertad. Pero la lección para Europa es clara: en los próximos quince años, antes de que cambie el rumbo demográfico, si perdemos la industria manufacturera y la electrónica, no bastará con esperar a un nuevo ciclo histórico. La frase clave es la siguiente: China ha ganado porque ha sabido convertir el conocimiento en poder y la estrategia en realidad. Si esta historia te interesa, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In». No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: «Esta idea ahora es mía». Y si mañana le cuentas a alguien que China ha duplicado la manufactura estadounidense o que el aparcamiento del Museo de la Ciencia de Chicago era gratuito por un motivo concreto, en Lara Notes puedes indicarlo: Shared Offline es la forma de decir que esa conversación fue importante. Esta Nota procede de la conferencia de Alessandro Aresu en la Biblioteca Municipal del Archiginnasio: te has ahorrado más de 75 minutos en comparación con el acto original.
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