Con Medea en TikTok

Germanto
¿Alguna vez has pensado que ver TikTok podría compararse con la tragedia griega? No es ninguna exageración: el artículo afirma que las redes sociales se aprovechan de la parte más antigua de nuestro cerebro —el sistema límbico— para mantenernos enganchados, y que aquí hay una lección que Medea, la protagonista de la tragedia homónima, entendería mejor que nosotros. La tesis es que lo que llamamos «falta de fuerza de voluntad» frente a la pantalla no es solo debilidad personal, sino un conflicto estructural entre libertad y no libertad que define nuestra forma de vida en el capitalismo digital. Creemos que somos libres porque podemos elegir qué ver, qué publicar y cuándo apagar el móvil. Pero la verdad es que nuestra voluntad se elude de forma sistemática: las redes sociales no te obligan, te seducen, y no te das cuenta de que has cedido. Aquí entra en juego un concepto tan antiguo como el teatro: la akrasia, la debilidad de la voluntad. En la Antigua Grecia, «akrasia» era la palabra que definía aquella situación en la que sabes perfectamente lo que deberías hacer —estudiar, salir, acostarte temprano— pero, aun así, haces lo contrario. Medea, por ejemplo, poco antes de cometer su acto extremo, dice: «Sé perfectamente que lo que voy a hacer está mal, pero no puedo evitarlo». Parece la confesión de alguien que, a las dos de la madrugada, está delante de TikTok y se repite a sí mismo: «Debería parar, pero ya que estoy, sigo un rato más». El neurocientífico Antonio Damasio ha explicado que el sistema límbico es mucho más rápido y poderoso que nuestra corteza racional: cuando te pones a ver vídeos, en realidad no decides lo que quieres ver, sino que es el cerebro emocional el que guía tus decisiones, y la razón siempre llega después. El autor del artículo afirma que incluso los desarrolladores de las plataformas admiten ser víctimas de sus propios algoritmos: uno de ellos, un programador de Instagram, ha declarado que, al final del día, se da cuenta de que ha pasado horas navegando sin recordar nada realmente importante. No se trata solo de un problema individual, sino de una característica del capitalismo digital: nos da la sensación de máxima libertad, pero en realidad es una trampa que monetiza nuestra atención y nuestra debilidad. Hay una clave de lectura que a menudo se pasa por alto cuando se habla de las redes sociales: no basta con decir «hace falta más fuerza de voluntad» o «basta con apagar el teléfono». Hay que reconocer que la batalla entre lo que queremos y lo que hacemos es estructural; es una tensión que caracteriza a nuestra época, al igual que caracterizaba a la tragedia: la libertad que se nos vende suele ser una nueva forma de adicción. La libertad no consiste en elegir entre miles de contenidos, sino en recuperar la capacidad de elegir de verdad. Si esta perspectiva te ha llamado la atención, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In». No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: «Esta idea ahora es mía». Y si mañana le cuentas a alguien que tu debilidad por TikTok tiene raíces tan antiguas como Medea, en Lara Notes puedes marcarlo con Shared Offline: así esa conversación no se pierde. Esta Nota procede de un artículo publicado en Philosophie Magazin. Acabas de ahorrarte más de cinco minutos de lectura.
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