Conversación con Masaaki Yuasa - Annecy 2022

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Masaaki Yuasa decidió que sería animador a los doce años, pero la verdadera sorpresa es que su estilo, tan reconocible, surge precisamente de su negativa a tener un estilo fijo. De niño, dibujaba para sus compañeros de la guardería los personajes de los animes que había visto la noche anterior, y se alegraba de que ellos también se divirtieran. Luego, cuando pensaba que el manga y el anime eran solo para niños, un título como Yamato tuvo un gran éxito en Japón y, de repente, también los adultos pudieron declararse fans sin vergüenza. Desde entonces, Yuasa no ha parado. Pero el verdadero punto de inflexión proviene de esta convicción: «No pensaba en convertirme en director, solo quería dibujar. Y para cada proyecto, necesito un estilo diferente». Parece algo trivial, pero en un sector en el que la autoría suele medirse por un estilo reconocible, Yuasa lo pone todo patas arriba: su estilo cambia de una película a otra, porque cada historia exige su propia forma de ser contada. Sin embargo, cualquiera que haya visto Mind Game o Inu-Oh sabe que siempre hay algo inconfundible, aunque no sepa explicar qué es. Él responde así: «El anime es solo un método de creación cinematográfica. No es especial en sí mismo. La clave está en utilizar lo que el presupuesto y el medio permiten, y encontrar siempre la opción más eficaz, también desde el punto de vista creativo». Cuando habla de sus influencias, Yuasa no hace distinciones entre Tom y Jerry, los clásicos de Disney, la música o las artes visuales: «No es una cuestión de gustos, se han convertido en parte de mí. Todo lo que me parece interesante, intento incorporarlo a la animación». Ha estudiado pintura al óleo, escultura y artes aplicadas, pero ninguna disciplina se convierte en norma: cada proyecto es la suma de todo lo que ha asimilado hasta ese momento. Un ejemplo concreto: en las escenas de baile de Inu-Oh, Yuasa incluyó «breakdance», patinaje, movimientos inspirados en Jackie Chan y danzas populares de todo el mundo. Para realizarlas, podría haber contratado a un coreógrafo, pero prefirió trabajar directamente en el guion gráfico en cuanto tuvo la pieza musical, combinando todas las ideas que se le ocurrían. Y si el resultado parece «caro», es porque la libertad de mezclar influencias tiene un precio: tiempo, esfuerzo y la capacidad de convencer a todo el equipo para que lo siga. Su relación con la música también se ha ido forjando a base de trabajo. La colaboración con Shinichiro Watanabe en Mind Game le enseñó una regla de oro: «Debes poner la música cuando el público la desee, no cuando tú quieras». En Inu-Oh, el trabajo con Otomo Yoshihide fue una batalla creativa continua: la música tradicional no encajaba con la estructura roquera que Yuasa tenía en mente, así que montó un cortometraje de referencia con sus canciones favoritas, y solo entonces pudo Otomo componer la banda sonora adecuada. Sin fórmulas, solo intentos, errores y una estrecha interacción entre las imágenes y el sonido. Quienes piensen que la animación es una jaula deberían escuchar su respuesta a una pregunta del público: «Por supuesto, a veces pienso que el «live action» sería más fácil. Pero cada vez me centro en lo que solo la animación puede ofrecer. Quiero ser libre, y pongo esta idea de libertad en cada obra». No es casualidad que nunca elija el público de antemano: «“Lou, el salto mágico” iba a ser una película para niños, pero luego la historia cambió, los personajes maduraron y al final se convirtió en una película para toda la familia. No lo planifico todo: dejo que el proceso me vaya cambiando.» Un aspecto del que rara vez se habla: la gestión del equipo. Yuasa reconoce que dirigir consiste, sobre todo, en resolver problemas, gestionar conflictos entre guionistas, animadores y músicos, y encontrar la manera de llevar a todos a su destino, incluso cuando parece imposible. Al fin y al cabo, afirma, la máxima satisfacción llega cuando el producto final supera las expectativas de todos. Y en cuanto a la colaboración internacional, especialmente con jóvenes talentos de escuelas francesas como Gobelins, Yuasa lo tiene claro: «Existe el problema del idioma, pero estoy dispuesto a superarlo. Lo importante es trabajar con personas que tienen talentos diferentes a los míos». Por lo tanto, la verdadera lección que deja es la siguiente: no existe una única forma «correcta» de hacer animación, ni un estilo que deba defenderse a toda costa. La libertad de Yuasa consiste en elegir en cada ocasión lo que necesita la historia, aunque ello suponga contradecirse a sí mismo. ¿Y el público? Se da cuenta y lo sigue precisamente por eso. Bastan tres detalles para hablar de él en una cena: Yuasa ha cambiado de estilo en cada película porque se niega a tener uno solo, sus escenas de danza en Inu-Oh son un collage de influencias de todo el mundo porque «cualquier cosa puede convertirse en animación», y su principal regla con respecto a la música es incorporarla solo cuando el público la desea, no antes. En el fondo, el sello de Yuasa es la libertad de cambiar. Puedes reconocerlo incluso cuando no parece él. Quizás esa sea precisamente la verdadera firma de un autor. Si te ha impactado la idea de que la libertad es más importante que un estilo fijo, en Lara Notes puedes pulsar I’m In: es la forma de declarar que esta perspectiva se ha convertido en parte de tu forma de pensar. Y si dentro de unos días te sorprendes hablando a alguien de Yuasa y de su obsesión por la libertad creativa, en Lara Notes puedes marcar esa conversación con Shared Offline: es el rastro de que se ha producido una conversación real, no solo un enlace compartido. Esta Nota procede de una larga entrevista del Festival de Annecy con Masaaki Yuasa: te acabas de ahorrar más de una hora de escucha.
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Conversación con Masaaki Yuasa - Annecy 2022

Conversación con Masaaki Yuasa - Annecy 2022

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