Crece el riesgo de una nueva guerra entre Etiopía y Eritrea

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Cuenta atrás para la crisis: las crecrescientes tensiones entre Etiopía y Eritrea. Imagina el tenso paisaje del Cuerno de África, donde la incómoda paz entre Etiopía y Eritrea se tambalea al borde del abismo. Durante más de un año, los observadores han visto con nerviosismo cómo las viejas rivalidades, la retórica acalorada y las maniobras militares insinúan la preocupante posibilidad de una nueva guerra. Lo que mantiene la frágil calma es un delicado equilibrio de incertidumbre: ninguna de las partes se siente completamente segura de que ganaría si estallaran los combates. Pero ese equilibrio se ve amenazado por las dinámicas cambiantes, especialmente en la disputada región de Tigray. Los líderes de Etiopía y Eritrea, que en su día fueron aliados cercanos, se han distanciado mucho desde que terminó el brutal conflicto en Tigray. Las disputas sobre el acceso al mar y el territorio se han agravado, y ambos gobiernos cuestionan abiertamente la legitimidad y las intenciones del otro. En el trasfondo, se rumorea que se están acumulando armas cerca de los codiciados puertos del Mar Rojo. Sin embargo, ambas naciones dudan: las guerras pasadas han demostrado lo impredecible y costoso que podría ser un nuevo conflicto, sin que ninguna de las partes tenga la certeza del apoyo de los poderosos actores internacionales o de los estados vecinos. En el centro de la tensión actual se encuentra Tigray, una región que se extiende a ambos lados de la volátil frontera y que cuenta con una fuerza poderosa y recientemente curtida en la batalla. El liderazgo en Tigray ha cambiado, y las facciones que una vez lucharon contra Eritrea ahora se están acercando a ella. Este giro se debe en parte a la frustración con el Gobierno central de Etiopía, que no ha cumplido plenamente las promesas hechas después de la última guerra, dejando sin resolver cuestiones como la desmovilización, los territorios en disputa y el regreso de los tigrayanos desplazados. A medida que los líderes de Tigray buscan influencia y seguridad, la alianza con Eritrea comienza a parecer una necesidad estratégica, incluso si eso significa asociarse con un enemigo reciente. Los acontecimientos recientes subrayan el creciente riesgo. La reapertura de un paso fronterizo entre Eritrea y Tigray, sin la participación de Etiopía, ha suscitado temores sobre el flujo de armas y suministros. Mientras tanto, las violentas luchas internas por el poder dentro de Tigray han consolidado la autoridad con líderes ahora abiertamente hostiles a Adís Abeba y cada vez más amistosos con Eritrea. Estos movimientos no solo amenazan la paz en Tigray, sino que también señalan la posibilidad de un conflicto regional más amplio. La incertidumbre no termina en la frontera. Tanto Etiopía como Eritrea saben que su destino podría verse influido por potencias como Estados Unidos, los estados del Golfo y sus vecinos, pero nadie puede estar seguro de quién intervendría o de qué lado estaría. El riesgo es que, en un momento de error de cálculo o de desesperación, cualquiera de los dos países podría desencadenar una guerra que rápidamente enredaría a la región, fusionándose con los conflictos existentes y atrayendo a actores externos con sus propias agendas. Lo que está claro es que el statu quo se está desmoronando. Las alianzas cambiantes de Tigray son un catalizador crítico, y a menos que se aborden las disputas subyacentes, especialmente en torno a la autonomía regional y el acceso al mar, el Cuerno de África se enfrenta a un futuro peligroso. Es urgente restablecer el diálogo entre el Gobierno de Etiopía y Tigray, así como encontrar soluciones prácticas y mutuamente aceptables a la necesidad de Etiopía de tener un acceso fiable a los puertos. Solo abordando estos problemas centrales puede la región esperar evitar caer en otra guerra devastadora, cuyas consecuencias repercutirían durante generaciones.
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