Después de Magnus Carlsen, el ajedrez ha entrado en una nueva era
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En un deporte en el que las máquinas ya han ganado, el nuevo campeón del mundo de ajedrez no es un robot ni un prodigio digital, sino un joven indio que, de niño, no utilizaba ordenadores para entrenar. Gukesh Dommaraju, criado en Chennai, se ha convertido en el campeón del mundo más joven de la historia del ajedrez. Pero ¿qué es lo realmente sorprendente? Hasta que ya era gran maestro, Gukesh nunca utilizó los sistemas de inteligencia artificial que hoy dominan la preparación de todos los grandes jugadores. Su entrenador, Vishnu Prasanna, estaba convencido de que los jóvenes necesitaban desarrollar su juego pieza a pieza, sin recurrir de inmediato a las soluciones de las máquinas. Y esta decisión radical le ha permitido gestionar la presión y la incertidumbre, dos factores que los ordenadores no pueden enseñar. Por lo general, pensamos que el ajedrez se ha convertido en una competición entre quienes saben utilizar mejor el software. Sin embargo, precisamente el chico que más tiempo ha resistido a la tentación de los motores digitales se ha convertido en el nuevo rey. Gukesh superó el récord de Carlsen en cuanto a rapidez para alcanzar los 2750 puntos Elo, pero, sobre todo, aportó una calma y una madurez poco comunes, fruto de un entrenamiento mental casi filosófico: meditación, poco tiempo en las redes sociales y mucho espacio para el instinto. Su trayectoria nos recuerda que se puede ser muy moderno sin ser esclavo de la tecnología. Jordan Himelfarb, en su último libro, «Interregnum», presenta a la nueva generación de ajedrecistas como una galería de personalidades más que de técnicos: Wesley So, el soñador; Nakamura, el provocador que se siente más streamer que campeón; Ding Liren, el poeta sensible que, tras ganar el mundial, cayó en depresión. Y luego está Carlsen, que, aunque ya no quiere defender el título, sigue siendo la sombra que se cierne sobre todos ellos. Pero el verdadero giro argumental: pocos meses después de su triunfo mundial, Gukesh cae fuera del top 10. Y, mientras todo el mundo cree que su era ya ha terminado, aparece otro jovencísimo, Sindarov, dispuesto a desafiarlo con una racha de victorias sin precedentes. Aquí llega el verdadero giro: en una época en la que la inteligencia artificial parece imbatible, lo que nos mantiene pegados al ajedrez no es la perfección de los movimientos, sino la imprevisibilidad y el drama humano. No es el resultado final lo que importa, sino lo que ocurre en la mente y en el corazón de los jugadores. La belleza del ajedrez reside precisamente en lo que va más allá de la lógica, entre el deseo, el miedo, la intuición y el esfuerzo. Y si crees que, con las máquinas al mando, todo ya está escrito, basta con observar el caos de la era pos-Carlsen: cada nuevo campeón es cuestionado de inmediato, cada partida se convierte en una historia de fragilidad y ambición. Sin embargo, hay un detalle que da que pensar: Gukesh venció a Carlsen una sola vez y luego tuvo una crisis. El título no garantiza nada; el carrusel siempre vuelve a ponerse en marcha. Así pues, en la era de las soluciones perfectas, la verdadera partida consiste en seguir siendo humanos. Si quieres una perspectiva que falta en casi todos los debates sobre el ajedrez digital, piensa en esto: la tecnología no ha despojado al juego de su alma; simplemente ha puesto de manifiesto quiénes siguen teniendo alma. La frase que me llevo es esta: en el ajedrez moderno, el verdadero rey no es el que encuentra el movimiento perfecto, sino el que resiste la tormenta interior. Si te has reconocido en la idea de que la victoria no es solo cuestión de lógica, en Lara Notes puedes pulsar «I’m In»; significa que ahora esta perspectiva te pertenece. Y si te apetece contarle esta historia a alguien —quizá a quienes creen que las máquinas ya han ganado—, en Lara Notes puedes inmortalizar ese momento con Shared Offline: así tu conversación no se pierde. Esta Nota procede de un artículo de The New Yorker y te ahorrará 3 minutos.
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Después de Magnus Carlsen, el ajedrez ha entrado en una nueva era