El capitalismo estadounidense ha dado un giro apocalíptico
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En 2024, Sam Altman recaudó 7000 millones de dólares para fabricar chips avanzados, prometiendo que esta tecnología podría salvarnos de una amenaza existencial. No de una crisis económica o de un competidor, sino del fin del mundo. Esta es la cuestión: hoy en día, las historias de negocios que recaudan más dinero son las que prometen salvarnos del apocalipsis. Durante décadas, pensamos que el capitalismo estadounidense se basaba en el optimismo, las visiones de crecimiento y los sueños de riqueza. Pero la nueva moneda del poder son los temores catastróficos, y quien mejor sabe narrarlos atrae capital, talento y atención. Elon Musk habla de colonizar Marte no como una conquista, sino como un plan B para la humanidad. Sam Altman convierte la inteligencia artificial en un riesgo existencial, por lo que cada inversión parece una póliza de supervivencia. Ya no se trata de construir algo útil, sino de convencer al mercado de que sin ti el futuro no existe. Charles Mackay, en 1841, escribió un libro sobre las locuras colectivas y las crisis creadas por el miedo. Hoy en día, quienes quieren entender Silicon Valley ya no estudian solo las burbujas financieras como la tulipomanía, sino la «epidemia del terror al fin del mundo» de la que hablaba Mackay. Altman, Musk, pero también Peter Thiel y Jeff Bezos: todos tienen una historia personal que contar que pasa por el miedo a la extinción. Musk, por ejemplo, cita a menudo su infancia en Sudáfrica, donde vio la fragilidad de los equilibrios sociales, y dice: «Tenemos que ser una especie multiplanetaria si queremos sobrevivir». Altman, por su parte, ha declarado que su búnker antiapocalipsis, con reservas de oro y armas, no es una fantasía: es una precaución racional. Un dato: según PitchBook, en 2023 más del 30 % de los nuevos fondos de capital riesgo estadounidenses se invirtieron en tecnologías que prometen gestionar los riesgos existenciales, desde la IA autónoma hasta la geoingeniería, pasando por la seguridad alimentaria en caso de colapso global. Pero esta obsesión por el apocalipsis no surge de la nada. Es una respuesta a un contexto en el que las crisis —pandemia, cambio climático, guerras— se han convertido en la norma. Así, la pregunta que importa ya no es «quién puede innovar más», sino «quién puede convencernos de que sin él estaríamos perdidos». También hay quienes rechazan esta lógica: algunos empresarios, como Yvon Chouinard, de Patagonia, lo apuestan todo a reparar el presente en lugar de huir del futuro, al afirmar que «la verdadera revolución es arreglar lo que tenemos, no huir a Marte». Sin embargo, hoy en día son las narrativas apocalípticas las que dictan las reglas de la recaudación de fondos. Lo que casi siempre falta en estos discursos es la pregunta de qué sucede cuando el miedo se convierte en moneda corriente. Si todo es una emergencia, nada lo es realmente, y el riesgo es que la verdadera innovación se vea sofocada por el pánico organizado. La frase que queda es esta: Silicon Valley ya no vende solo sueños, sino sobre todo miedos, y quien mejor sepa aprovecharlos cambiará el destino del capitalismo estadounidense. Si mientras escuchabas has pensado que esta idea te concierne, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: no es un «me gusta», es tu forma de decir que ahora esta perspectiva te pertenece. Y si mañana te encuentras contándole a alguien cómo Musk y Altman utilizan el miedo para recaudar miles de millones, en Lara Notes puedes etiquetar a quien estaba contigo usando Shared Offline: el rastro de la verdadera conversación permanece. Esta Nota surge de un artículo de The Economist y te ahorra 2 minutos.
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