El cuerpo humano no es una obra maestra del diseño, sino un mosaico de compromisos evolutivos.

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La mayoría de la gente piensa que el cuerpo humano es una obra de ingeniería perfecta, como si alguien hubiera diseñado cada parte con precisión matemática. Pero, si miras de cerca, lo que ves es un mosaico de parches y soluciones a medias, más parecido a un remiendo funcional que a una joya de diseño. La evolución no crea desde cero, sino que transforma lo que ya existe, y eso deja huellas por todas partes. Creemos que nuestras dolencias son fallos puntuales, pero en realidad son el precio de millones de años de remiendos evolutivos. Pongamos por ejemplo la columna vertebral. La usamos para caminar erguidos, pero fue diseñada para criaturas que se movían a cuatro patas por los árboles. Por eso nos duele tanto la parte baja de la espalda: la columna tuvo que adaptarse para mantenernos de pie, pero, en esencia, sigue siendo la misma estructura de hace millones de años. Lucy E. Hyde, profesora de Anatomía en la Universidad de Bristol, explica cómo las curvas de la columna ayudan a distribuir el peso, pero también nos predisponen a sufrir hernias, dolores crónicos y desgaste. Y esto no es un accidente: la columna vertebral realiza una función para la que en realidad nunca se diseñó. Hay detalles aún más absurdos. El nervio laríngeo recurrente, por ejemplo, desciende desde el cerebro hasta el tórax, rodea una arteria y luego vuelve a ascender hasta la laringe, en lugar de seguir un camino directo. ¿Por qué? Porque en nuestros antepasados peces, esa ruta tenía sentido. Ahora es una reliquia que puede complicar las cirugías, pero ahí sigue, realizando su extravagante recorrido. Incluso los ojos tienen este tipo de errores: la retina está conectada al revés, por lo que la luz debe atravesar capas de nervios antes de llegar a los sensores de luz. Esto crea un punto ciego en cada ojo, que el cerebro disimula, pero que está ahí. No es una genialidad, es un compromiso. Los dientes también son un buen ejemplo. Solo tenemos dos juegos en toda la vida, y si los perdemos, no hay recambio. Los tiburones, en cambio, renuevan sus dientes constantemente. Y las muelas del juicio: cuando la dieta cambió y nuestras mandíbulas se hicieron más pequeñas, el número de dientes se mantuvo igual. Por eso, tanta gente acaba en el dentista para que le saquen muelas impactadas. El parto humano es otro escenario de tensión evolutiva. Necesitamos una pelvis estrecha para caminar bien, pero también un canal lo bastante grande como para que pase la cabeza de un bebé, que es enorme en proporción al cuerpo. El resultado: partos difíciles y la necesidad de ayuda. Este choque entre la locomoción y el cerebro grande no solo afectó a nuestro esqueleto, sino que también moldeó la forma en que cuidamos y colaboramos durante el parto. Hay vestigios de nuestro pasado por todas partes. Ahora se cree que el apéndice, que parecía inútil, desempeña algún papel en el sistema inmunitario, pero puede inflamarse y poner en peligro la vida. Los senos paranasales pueden ayudar a aligerar el cráneo o a hacer resonar la voz, pero están mal drenados y se infectan con facilidad. Incluso los pequeños músculos de las orejas, que la mayoría no podemos mover, son un recuerdo de cuando nuestros antepasados giraban las orejas para oír mejor, como los gatos. Ahora, la clave: los problemas médicos comunes, como el dolor de espalda, los partos complicados o los dientes apiñados, no son simplemente mala suerte. Son el precio de una anatomía improvisada. Pensar en nuestro cuerpo como un museo evolutivo cambia la forma en que entendemos la salud. Es como heredar una casa antigua: bonita, sí, pero llena de chapuzas y soluciones provisionales. Si esta visión te ha hecho mirar tu cuerpo con otros ojos, en Lara Notes puedes marcarlo con I'm In. No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: este cambio de perspectiva ahora forma parte de ti. Y, si acabas hablando de la columna, las muelas o el nervio recurrente con alguien, puedes añadirlo con Shared Offline: así recuerdas con quién compartiste una conversación que vale oro. Esta historia procede de BBC News Mundo y te ha ahorrado unos 8 minutos de lectura.
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El cuerpo humano no es una obra maestra del diseño, sino un mosaico de compromisos evolutivos.

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