El futuro de la IA: con Sir Demis Hassabis y Dame Wendy Hall
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Si te digo que el futuro de la inteligencia artificial podría decidirse en los próximos cuatro años, ¿te parece una provocación? Sin embargo, esta es la estimación de Demis Hassabis, fundador de DeepMind: según él, la probabilidad de que una forma de inteligencia artificial general, capaz de las mismas habilidades cognitivas que un ser humano, llegue para 2030 es del 50 %. Pero la verdadera pregunta no es «cuándo», sino «quién llega preparado y quién se queda mirando desde la banda». La opinión generalizada, especialmente en Europa, es que podemos limitarnos a regular la IA, tal vez dejando la parte difícil –inventar, construir, liderar– a Estados Unidos y China. Pero se trata de una ilusión peligrosa: como dice Hassabis, «no se puede ser campeón del mundo solo en materia de regulación». O tienes la tecnología y voz en el asunto, o las reglas las escriben otros. Pensemos en Dame Wendy Hall, pionera de la ciencia web: ya en 2017 ayudó al Gobierno británico a redactar una de las primeras estrategias nacionales sobre IA. En aquel momento, el Reino Unido ocupaba el tercer puesto mundial, por detrás únicamente de Estados Unidos y China. Parecía una carrera que se podía ganar. Pero hoy, cuenta Hall, la estrategia se ha desmoronado: ya no hay una figura de referencia para las competencias en IA, el organismo independiente de supervisión ha desaparecido, mientras que países como Singapur han tomado el «manual» británico y lo han superado. Y el resultado está a la vista: el Reino Unido retrocede y corre el riesgo de perder la carrera precisamente en el ámbito de las competencias, la formación y la capacidad de generar una verdadera innovación. Hassabis es aún más tajante: hace falta una revolución en la escuela. No podemos seguir enseñando como si la IA no existiera, o peor aún, esperando que «pase de moda». Hoy en día, los jóvenes utilizan chatbots y LLM para hacer los deberes, a menudo para evitar el esfuerzo, pero el sistema educativo sigue estancado. Según él, hay que dar la vuelta al modelo: los conceptos básicos y la teoría se estudian en casa, tal vez con IA personalizadas que adaptan la dificultad, mientras que la escuela se convierte en el lugar de las relaciones, los proyectos y las competencias humanas: creatividad, juicio y trabajo en equipo. Sería algo así como un instituto Montessori turbo, donde el profesor ya no se limita a presentar diapositivas, sino que guía a los alumnos a través de experiencias concretas. ¿Y la personalización? No es ciencia ficción: ya en los años 80, Wendy Hall escribía código para sistemas de tutoría inteligente, y hoy trabaja para ofrecer un «permiso de IA» a todos los estudiantes de la Universidad de Southampton, incluso a los que no estudian Informática. Por otro lado, la partida también se juega en torno a quién se hace con las tecnologías clave. DeepMind nació en Londres, también para demostrar que se puede hacer ciencia de vanguardia fuera de Silicon Valley. Hassabis cuenta que en 2010 podía contratar a cerebros «por 50 000 libras al año», cifras impensables hoy en día. Ahora, las grandes empresas tecnológicas han abierto sedes en Londres, lo que ha atraído inversiones y ha creado un ecosistema en el que los talentos se quedan y hacen surgir otras «startups». Y aquí es donde se produce el giro: si pensabas que todo esto era solo una cuestión de algoritmos y patentes, te falta una pieza. Detrás de cada avance de la IA hay una decisión política, social y humana. Hall recuerda que la diversidad –de género, de edad, de origen– es la verdadera clave para evitar que la IA sea construida por una monocultura masculina y occidental. Y advierte: «La IA es demasiado importante como para dejarla solo en manos de los hombres». Es necesaria una participación real de todas las voces, también porque los riesgos son enormes: por un lado, la IA puede acelerar el descubrimiento científico, ayudar a la medicina y revolucionar la energía; por otro, si se deja sin normas o solo bajo la supervisión de quienes tienen intereses económicos, puede utilizarse con fines destructivos. Hassabis habla abiertamente de «bioriesgos», del peligro de que los modelos generativos sean manipulados por actores hostiles. Por eso, según ambos, se necesita una agencia internacional independiente, un nuevo tipo de gobernanza en la que colaboren gobiernos, empresas y sociedad civil, no solo para establecer normas, sino también para garantizar que la tecnología esté al servicio de todos, no solo de unos pocos. Y esta es una carrera contrarreloj: si realmente la AGI podría llegar en unos pocos años, las instituciones van dramáticamente retrasadas. ¿La paradoja? Todos los actores, desde las empresas hasta los Estados, tienen interés en evitar desastres: «Nadie quiere que ocurra una catástrofe, ni siquiera el más capitalista», afirma Hassabis, pero la fragmentación política y la lógica del «dilema del prisionero» amenazan con bloquearlo todo. Y si crees que los problemas son solo técnicos, te equivocas: Hall insiste en que la verdadera pregunta es qué sociedad queremos construir, qué sentido damos al trabajo, al bienestar y a la igualdad en la era de la IA. Si dejamos el debate solo en manos de los expertos, perdemos la oportunidad de escribir colectivamente el futuro. Una cosa es segura: el futuro de la IA no está escrito, pero la ventana para influir en él se está cerrando rápidamente. En resumen, ya no puedes permitirte ser solo un espectador. Si crees que el juego es solo para unos pocos iniciados, te estás autoexcluyendo de la mesa donde se decide el próximo decenio, y tal vez algo más. Nadie puede ser solo regulador: o construyes o te dejas llevar. Si este debate te ha aportado una nueva idea, en Lara Notes puedes señalar que esta perspectiva forma ahora parte de tu forma de pensar con I'm In. Y si mañana te toca hablar de ello con alguien, ya sea sobre la escuela, la gobernanza o el futuro de la IA, en Lara Notes puedes usar Shared Offline para recordar quién estaba presente en esa conversación que importaba. Esta nota procede de una velada de la Worshipful Company of Information Technologists y te ahorra 78 minutos.
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