El inminente auge del populismo antiautomatización

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Hoy en día parece casi obvio pensar que la inteligencia artificial es aceptada por todos como una revolución positiva, pero hay un hecho que circula entre bastidores: estamos a punto de ver una ola de populismo anti-IA que podría cambiar la política más de lo que imaginamos. No es la tecnología en sí lo que preocupa a la gente, sino la forma en que se vive: la pérdida de empleo, la sensación de quedarse atrás, el miedo a que las decisiones se deleguen en máquinas en lugar de en seres humanos. La tesis aquí es que la IA corre el riesgo de convertirse en el nuevo objetivo de los movimientos populistas, al igual que la globalización hace veinte años, y esta vez la reacción podría ser aún más rápida y poderosa. Basta pensar en cómo la ira contra la deslocalización condujo al Brexit o a la victoria de Trump: en aquel momento el enemigo era el libre comercio, hoy podría ser la sustitución de los humanos por la inteligencia artificial. Un nombre al que hay que prestar atención es el de Andrew Yang, ex candidato a las primarias demócratas en Estados Unidos, que ya en 2020 hacía campaña sobre este tema: en sus mítines contaba cómo los camioneros estadounidenses temen a los camiones autónomos, porque «no es solo un trabajo, es una identidad que se pierde». En una pequeña ciudad de Ohio, Yang recogió el testimonio de Gary, de 52 años, camionero de tercera generación: «Si le quitas a mi hijo la posibilidad de conducir, ¿qué queda de nuestra familia?», le dijo delante de todos. El quid de la cuestión es que no se trata solo de números —aunque Goldman Sachs estima que 300 millones de puestos de trabajo corren el riesgo de ser automatizados en los próximos años—, sino de historias personales, familias, orgullo y miedo a ser inútiles. En Francia, los chalecos amarillos comenzaron como una protesta contra un impuesto sobre el combustible, pero se convirtieron en un símbolo de rebelión contra todo lo que se percibía como impuesto desde arriba, sin comprensión para quienes viven al margen. La IA corre el riesgo de desencadenar algo similar, pero a una escala aún mayor y más rápida, y con la fuerza de las imágenes virales, que pueden encender la mecha en cuestión de horas. Y si crees que es solo una cuestión tecnológica, hay un error fundamental: la verdadera batalla será sobre las emociones, sobre el miedo a ser sustituidos y sobre la exigencia de recuperar el control. El escenario que a menudo falta en el debate es este: los políticos que hoy ensalzan la IA como motor de crecimiento pronto podrían encontrarse frente a movimientos callejeros que exigirán límites estrictos, más protecciones, tal vez incluso la prohibición de algunas aplicaciones, impulsados por una narrativa de «nosotros contra las máquinas». La frase que queda es esta: la IA no solo dividirá el trabajo, sino también la política, y quienes subestimen la ira corren el riesgo de despertar demasiado tarde. Si todo esto te ha hecho replantearte tu forma de pensar sobre la inteligencia artificial, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: elige si te intriga, lo has vivido o realmente te lo crees. Y cuando te encuentres discutiendo con alguien sobre el futuro del trabajo, puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline: en Lara Notes queda constancia de quién estaba presente cuando las ideas se convirtieron en un verdadero debate. Esta Nota procede del Financial Times y te ahorra 8 minutos.
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El inminente auge del populismo antiautomatización

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