El reto de la IA: redactar un proyecto de Constitución para el siglo XXI

Frenchto
Cuando el constitucionalista Dominique Rousseau pidió a cuatro inteligencias artificiales que redactaran una Constitución para el siglo XXI, no lo hizo por pereza ni para sorprender a sus estudiantes de Derecho: quería plantearles un verdadero reto. La pregunta provocadora era la siguiente: ¿puede la inteligencia artificial estar a la altura de la inteligencia humana a la hora de inventar las reglas fundamentales de una sociedad? Los estudiantes de la Sorbona, 22 en total, dedicaron seis meses a redactar su Constitución y, a continuación, la compararon con las elaboradas por ChatGPT, Le Chat, DeepSeek y Gemini. Y aquí viene el giro: todo el mundo temía que la IA fuera mejor, más rápida y más creativa. En cambio, la verdadera sorpresa fue la pobreza normativa de las Constituciones redactadas por las IA. ChatGPT, Le Chat y DeepSeek elaboraron textos de diez artículos, concisos y genéricos, mientras que la versión avanzada de Gemini llegó a 68 artículos en 20 páginas, pero solo gracias a instrucciones muy detalladas que los propios estudiantes le habían proporcionado. Por su parte, la Constitución redactada por los estudiantes ocupaba 61 páginas y 197 artículos, y estaba repleta de matices y decisiones difíciles. Yanis Khellafi, uno de los estudiantes, lo expresó con claridad: «La IA puede ser original, pero no es creativa. Es una ayuda, no un sustituto del trabajo de fondo». Esto significa que la IA es excelente para reordenar lo que encuentra, copiar y combinar ideas ya existentes, pero no es capaz de producir algo que vaya más allá de la suma de piezas ya vistas. Cuando se trata de concebir principios inéditos o de sopesar valores opuestos, la máquina se bloquea y se refugia en la vaguedad. Aquí se aprecia la diferencia entre redactar normas sencillas y construir realmente una sociedad: lo segundo requiere experiencia, dudas y compromisos. Un detalle que invita a la reflexión: los estudiantes utilizaron la IA como adversaria, pero también como herramienta. «No podía permitir que ignoraran cuál será su herramienta de trabajo en los próximos años», afirmó Rousseau. Hay una lección: la tecnología no sustituye al esfuerzo del razonamiento humano, sino que lo enriquece o lo desafía. Pero el corazón de la creatividad sigue siendo nuestro. He aquí una perspectiva que normalmente nadie explora: creemos que la IA amenaza nuestra singularidad, pero quizá el verdadero riesgo sea dejar de ejercitar el músculo de la duda, de debatir, de ensuciarnos las manos con las ambigüedades. Si dejamos en manos de la IA la tarea de decidir qué está bien y qué está mal, corremos el riesgo de perder la capacidad de inventar el futuro, no porque la máquina sea demasiado buena, sino porque nosotros nos hayamos retirado demasiado pronto. La creatividad no es la suma de todo lo que ya existe: es la capacidad de ir más allá de lo que existe. Si quieres que esta idea forme parte de tu forma de pensar, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: elige si te resulta interesante, si la has experimentado o si es una convicción profunda para ti. Y si esta historia se convierte en una conversación con alguien —tal vez en la mesa, tal vez en el aula—, en Lara Notes puedes inmortalizar ese momento con Shared Offline: es la forma de decir que esa charla tuvo valor. Esto era de Le Monde y, en comparación con los 24 minutos del artículo original, te has ahorrado más de 20 minutos.
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