El socialismo de la generación Z, de Zohran a Zack y más allá
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Un dato sorprendente: hoy en día, entre los estadounidenses de veintitantos años, uno de cada tres ve positivamente la palabra socialismo, cuando hace solo veinte años era sinónimo de fracaso o de una utopía irrealizable. Pero lo que llaman socialismo ya no se parece al modelo de las grandes industrias y las banderas rojas. La tesis es la siguiente: la Generación Z está reescribiendo las reglas del socialismo, desplazando el centro de la lucha en la fábrica a la necesidad inmediata de seguridad económica personal, y esta diferencia lo cambia todo. Mientras que los socialistas de la posguerra aspiraban a la nacionalización de las grandes empresas y a una amplia redistribución, los jóvenes de hoy piden cosas mucho más cercanas: alquileres controlados, servicios gratuitos e impuestos más altos para los superricos. No se trata de una revolución, sino de una protección concreta en el aquí y ahora. Entre los nombres que encarnan esta nueva ola está Zohran Mamdani, diputado de Nueva York, que a los 32 años ha hecho de la vivienda su batalla: él mismo cuenta que creció viendo a sus padres esforzarse por pagar el alquiler en Manhattan, y que decidió que la política debía partir de ahí. Al otro lado del océano, Zack Polanski, diputado de los Verdes en Londres de 37 años, recuerda las noches que pasaba en los sofás de sus amigos mientras buscaba un trabajo estable. Para ambos, la política ya no es una teoría abstracta: es una respuesta a una experiencia personal de inseguridad. El dato que da que pensar: según una reciente encuesta de Gallup, entre los menores de 30 años en Estados Unidos, el 47 % ve el capitalismo de manera desfavorable, mientras que el 33 % se declara a favor del socialismo, cifras que eran impensables incluso hace solo diez años. Pero la verdadera novedad está en el enfoque: si los millennials socialistas, después de la crisis de 2008, pedían más democracia en las empresas y cooperativas verdes, la generación Z quiere intervenciones rápidas y sencillas. Ya no se trata solo de «cambiar el sistema», sino de poner un límite a los alquileres ahora, de hacer que el transporte público sea gratuito ahora, de ver cómo el dinero de los ricos vuelve a los bolsillos de la gente común. Pero atención: hay quienes advierten de que esta nueva versión corre el riesgo de ser demasiado pragmática y de no prestar suficiente atención a los grandes equilibrios económicos. ¿Quién paga, cuánto dura, qué pasa con las empresas? Estas son preguntas que siguen sin respuesta. Pero el verdadero cambio es que hoy la palabra socialismo ya no suena como una amenaza de revolución, sino como una petición de protección inmediata contra los riesgos de la vida moderna. Todo cambia, incluso la conversación en familia. Si quieres indicar que esta idea ahora te concierne, en Lara Notes puedes usar I'm In: no es un simple «me gusta», sino tu declaración personal. Y si esta historia se convierte en una verdadera charla con alguien, puedes etiquetar a la persona con Shared Offline: es la forma de detener esas conversaciones que realmente te cambian. Este artículo procede de The Economist y te ahorra 7 minutos en comparación con el artículo original.
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