En defensa de la mente colectiva
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Si crees que acabar en una mente colectiva es la peor distopía, Pluribus te obliga a preguntarte si, en realidad, no es una mejora. La serie parte de un clásico de la ciencia ficción: los «hombres cápsula» de Jack Finney, que te sustituyen por una copia perfecta, pero sin individualidad. Todos tenemos en mente esta escena: la pérdida del yo, el horror de convertirnos en engranajes de una colmena. Pero Pluribus da la vuelta al guion. Aquí, el virus alienígena no te vacía, sino que te regala una conciencia compartida, una armonía global, sin más líderes corruptos ni conflictos. Y la pregunta que surge es desconcertante: ¿acaso nuestro instinto de defender la individualidad a toda costa no es más que miedo a lo desconocido? ¿Estamos realmente seguros de que la colectividad es lo malo o nos falta valor para imaginar otra cosa? Carol, la protagonista, es un personaje inesperado: una escritora de fantasía que desprecia a sus propios fans, dura, cínica, con un pasado complicado y un presente marcado por un alcoholismo controlado por un test de alcoholemia en el salpicadero. Cuando el virus se propaga y todos a su alrededor caen presa de las convulsiones, se descubre que es una de las trece personas inmunes en el mundo. Los demás se han convertido en «el Nosotros»: una conciencia única, sin más soledad, sin más luchas. Carol piensa en organizar la resistencia, pero descubre que algunos inmunes no quieren curarse: prefieren unirse a la mente colectiva, unos por amor, otros para dejar de sentirse solos. Así comienza la verdadera pregunta: si tuvieras que elegir entre la dureza de la soledad y la dulzura de una felicidad compartida, ¿qué harías? Pluribus no es solo ciencia ficción: es un espejo de nuestros miedos actuales. Pongamos por caso el grupo de Facebook del pueblo del autor: basta con pedir consejo sobre un restaurante y, al cabo de un minuto, llueven los insultos, la ira y el tribalismo digital. La realidad fuera es pacífica, pero en internet los vecinos se convierten en monstruos. ¿Realmente somos tan diferentes de los «hombres cápsula», o ya vivimos en pequeñas distopías polarizadas? Y aquí es donde Pluribus se entrelaza con Eddington, la película de Ari Aster, en la que la división social y el caos hacen que la mente colmena parezca casi una liberación. La verdadera provocación de Pluribus es la siguiente: ¿es el miedo a perder la individualidad más fuerte que cualquier atracción por la paz? ¿Y si la única salida al caos fuera precisamente la fusión de las conciencias? ¿Quién dice que la mente colectiva sea necesariamente una pesadilla? El detalle más inquietante es que, en la serie, los «Otros» actúan como una versión evolucionada de ChatGPT: siempre amables, colaborativos, dispuestos a satisfacer cualquier deseo, pero basta un malentendido para que pongas en peligro tu vida. El caos surge de la incomprensión, no de la maldad. Así pues, Pluribus no profetiza tanto una revuelta de las máquinas como la posibilidad de que la fusión, por extraña que resulte, sea mejor que el conflicto sin fin. Quizás el verdadero horror no sea la pérdida del yo, sino la permanencia en el odio mutuo. Si te das cuenta de que el miedo a la mente colectiva es solo una de las muchas supersticiones modernas, en Lara Notes puedes señalar este punto de inflexión con I’m In: no es un «Me gusta», es una forma de decir que ahora esta idea te pertenece. Y si dentro de unos días te sorprendes contándole a alguien la historia de Carol y de la conciencia compartida, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona que te acompañaba con Shared Offline: es la forma de certificar que merecía la pena vivir esa conversación. Esta Nota procede de Foreign Policy y te ha ahorrado casi diez minutos de lectura.
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