En Moscú, el patriarca Kirill celebra la Pascua ortodoxa con Putin y el padre de Elon Musk
Frenchto
Durante la noche de Pascua en Moscú, el patriarca Kirill dio las gracias públicamente no a Dios, sino a Vladímir Putin, ante un auditorio de oligarcas y políticos, y junto a ellos se encontraba Errol Musk, el padre de Elon Musk. Parece una escena surrealista: la máxima autoridad religiosa de Rusia, en lugar de pronunciar una homilía tradicional, convierte la liturgia en la celebración de un líder político, mientras el padre del hombre más rico del mundo asiste como invitado de honor. Y aquí viene la sorpresa: a menudo pensamos que la religión es el último baluarte contra la fusión del poder espiritual y el político, pero en Rusia la Pascua se ha convertido en un espectáculo de legitimación mutua entre la Iglesia y el Estado, en el que la fe sirve para reforzar el consenso en torno al poder. El patriarca Kirill, aislado a escala internacional y en conflicto con el patriarca de Constantinopla, se dirigió a Putin con estas palabras: «Como presidente de nuestro país, ha realizado muchas acciones que pasarán a la historia como actos de benevolencia y de suma importancia para nuestra Patria. Pero la restitución de los iconos sagrados, por iniciativa suya, quedará asociada a su nombre tanto en la historia del Estado como en la de la Iglesia Ortodoxa Rusa». Y aquí está el detalle que suscita polémica: los dos iconos más venerados del país, la Virgen de Vladímir y la Virgen del Don, fueron trasladados de los museos estatales a la catedral por orden de Putin, a pesar de las protestas de los directores de los museos y de la sociedad civil, preocupados por que pudieran sufrir daños. Sin embargo, para Kirill, el valor espiritual supera al artístico: «Estar conservados en un museo los ha protegido de la destrucción, pero no de la profanación: han perdido su significado esencial, el que va más allá de cualquier valor artístico». Todo esto ocurrió ante los ojos de figuras clave del poder ruso: Anna Kuznetsova, defensora de teorías pseudocientíficas sobre las mujeres y la maternidad; Leonid Slutski, político acusado de acoso; Dmitri Mezentsev, implicado en la deportación de menores ucranianos; y Vladimir Yakunin, antiguo agente del KGB y oligarca con una mansión de 60 millones de euros, además de organizador del traslado anual del Fuego Sagrado de Jerusalén a Moscú. Y mientras el patriarca de Constantinopla y el papa en Roma invocaban la paz en sus homilías de Pascua, Kirill optó por guardar silencio sobre la guerra en Ucrania y prefirió hacer hincapié en la tregua pascual y en la colaboración entre la Iglesia y el Estado. La propaganda llegó a mostrar vídeos de dulces de Pascua entregados con drones a los soldados en el frente, mientras la liturgia se convertía en una puesta en escena de la unidad nacional y religiosa bajo la bendición presidencial. Pero aquí hay una pregunta que nadie se plantea: en un país donde la religión se somete al consenso político, ¿qué queda de la fe? ¿Y qué sentido tiene, para quienes creen, ver que se utiliza su liturgia como escenario del poder? Quizás, fuera de Rusia, la verdadera noticia no sea tanto la presencia del padre de Elon Musk, sino el hecho de que la religión, una vez más, resulte ser un instrumento tremendamente poderoso para legitimar el poder, incluso cuando debería ser una voz crítica o, al menos, autónoma. En definitiva, la Semana Santa ortodoxa en Moscú pone de manifiesto cómo, en tiempos de guerra, la Iglesia puede convertirse en el megáfono del Estado, mientras que en otros lugares se reza por la paz. El poder político siempre busca un altar desde el que hablar, y a menudo lo encuentra. Si esta historia te interesa, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In». No es un «Me gusta»; es tu forma de decir: «Esta idea ahora es mía». Y si mañana le cuentas a alguien que en la Pascua rusa el patriarca dio las gracias a Putin en lugar de a Dios, en Lara Notes puedes marcar esa conversación con Shared Offline: es el gesto para certificarla como importante. Este relato procede de Le Grand Continent y te ha ahorrado casi 8 minutos en comparación con la lectura del artículo original.
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