Es tan impredecible

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Imagina confiar cada una de tus decisiones diarias, desde dónde cenar hasta qué ropa ponerte, a un algoritmo que lanza un dado. Parece una locura, ¿verdad? Max Hawkins, ingeniero de software de Google, lo hizo de verdad. Y no lo hizo porque le faltaran ideas, sino porque su vida se había vuelto tan predecible que parecía cualquier cosa menos libre. Cada día el mismo café seleccionado por Yelp, el mismo trayecto en bicicleta calculado al segundo, los mismos amigos, los mismos lugares. Un día, Max lee un estudio que rastrea los movimientos de cien mil personas: los hábitos humanos son sorprendentemente predecibles, casi programados. Esto le inquieta. Si las decisiones que tomamos son siempre las mismas, ¿hasta qué punto somos realmente libres? Así, Max comienza a delegar las decisiones en una serie de aplicaciones que él mismo escribe: un Uber lo lleva a un punto aleatorio de la ciudad, otra aplicación selecciona los restaurantes, incluso los tatuajes. ¿El resultado? Se encuentra en lugares que nunca habría descubierto, desde un planetario hasta una cervecería escondida, desde una bolera desconocida hasta un bar de barrio. En poco tiempo, transforma la aleatoriedad en una especie de terapia de choque contra la rutina: «Al elegir al azar», dice, «he encontrado la libertad». Pero la pregunta sigue en pie: ¿es verdadera libertad o solo una nueva jaula? ¿Ceder las decisiones a un algoritmo es realmente un acto de valentía o solo una forma de evitar la responsabilidad de cometer errores? El profesor de psicología Michel Dugas ha estudiado precisamente esto: quienes no toleran la incertidumbre se comportan de dos maneras, o bien buscan toda la información posible o bien deciden por impulso. Elegir al azar, según él, no es una señal de valentía, sino una forma de escapar del miedo a equivocarse. Pero el punto central llega con la llamada «prison of your preferences», la prisión de tus preferencias. Cuanto más optimices tu vida para lo que te gusta, más riesgo corres de perderte lo demás. Un algoritmo que solo aprovecha lo que ya sabes que te gusta, como Spotify, que siempre te vuelve a poner la misma canción, deja de sorprenderte y tú dejas de cambiar. Pero si exploras demasiado, corres el riesgo de no construir nada sólido. Max lleva esta lógica al extremo: deja Google, escribe un algoritmo para decidir en qué parte del mundo vivir cada mes, visita catorce eventos en un solo día en Berlín, desde cursos para camioneros hasta saunas colectivas y encuentros de fotografía para bebés. Incluso termina en un pequeño pueblo de Carolina del Norte donde no conoce a nadie. Y aquí llega el golpe: vivir solo a ciegas te hace ver mil cosas, pero corres el riesgo de que no te lleve a ninguna parte. Así, después de años de nomadismo algorítmico, Max regresa a Estados Unidos y se instala en Los Ángeles, pero sigue dejando algunas decisiones al azar: el restaurante donde comer, la ropa que ponerse e incluso lo que pide al camarero. En la cena con la periodista, deja que el teléfono elija: alitas de pollo al curri y sopa de verduras, dos platos que nunca habría pedido. Sin embargo, entre bocado y bocado, Max cuenta: «Me di cuenta de lo mucho que mi identidad se basaba en circunstancias arbitrarias. Cuando tienes un plan fijo, corres el riesgo de quedar atrapado en una prisión de tus preferencias». La verdadera libertad, dice, no es saber a dónde irás, sino aceptar estar plenamente presente dondequiera que vayas. Pero hay un detalle que la historia de Max no aborda: la casualidad puede funcionar para quienes ya tienen privilegios, tiempo y seguridad. Si estás en apuros, arriesgarte no es un juego, es una apuesta por la supervivencia. No todo el mundo puede permitirse dejar que el azar decida. La frase que te queda: «Cuanto más persigues la seguridad de tus hábitos, más riesgo corres de terminar prisionero de lo que ya conoces». Si te ha impactado la idea de que tu identidad sea solo un algoritmo de elecciones arbitrarias, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: no es un «me gusta», sino la forma de decir que, a partir de hoy, esta perspectiva también es la tuya. Y si dentro de unos días te sorprendes contándole a alguien la historia de Max o su «prisión de las preferencias», puedes volver aquí y etiquetar a quien estaba contigo con Shared Offline: en Lara Notes es el gesto para decir que esa conversación realmente importaba. Este viaje entre algoritmos y libertad llega de The Atlantic y te ha ahorrado 6 minutos de tu día.
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Es tan impredecible

I'll take...