Estamos asistiendo al surgimiento de una nueva aristocracia
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Imagina que, en solo dos años, 19 familias han acumulado 1,8 billones de dólares, es decir, la misma riqueza que toda Australia. Esta es la nueva realidad estadounidense: la brecha entre quienes tienen mucho y quienes tienen poco no solo aumenta, sino que se dispara a niveles nunca vistos desde la llegada de la inteligencia artificial. A menudo se afirma que la IA hará que el mundo laboral sea más equitativo, al suprimir puestos tanto de directivos con títulos prestigiosos como de operarios, y tal vez devolver valor a oficios prácticos como el de fontanero. Pero quienes estudian las cifras advierten: es casi una quimera. Los primeros en pagar serán los que se encuentran en el medio —secretarios, empleados administrativos, vendedores, programadores júnior—, personas con salarios de entre 40 000 y 100 000 dólares al año. Estos trabajos son los más fáciles de sustituir por un algoritmo que escribe, calcula o responde a correos electrónicos en un segundo. Gabriel Zucman, uno de los economistas más escuchados en estos temas, afirma que la cantidad de dinero que se está acumulando en unas pocas manos supera con creces la de las antiguas dinastías, como los Rockefeller o los Vanderbilt. Y hoy en día, ese dinero también compra influencia política: quienes poseen las llaves de la tecnología pueden convertir fácilmente la riqueza en poder en las salas donde se deciden las reglas del juego. Un detalle concreto: a medida que se automatizan los puestos de trabajo, disminuyen los ingresos fiscales del Estado, porque cada vez son menos las personas que ganan lo suficiente como para pagar muchos impuestos. Menos recursos públicos implican menos capacidad para intervenir y garantizar los servicios, la seguridad y la educación. Y cuando la riqueza se concentra tanto, la propia democracia se debilita: en un momento dado, afirma la autora, ya no gobernamos juntos, sino que nos sometemos a las decisiones de una nueva aristocracia, invisible pero muy poderosa. Hay un aspecto que nadie menciona: mientras todo el miedo se centra en los despidos y los robots, el verdadero cambio es que la base económica que sustenta la sociedad se está reduciendo. Quienes invierten en IA no solo ganan más, sino que también se convierten en los verdaderos árbitros de lo que es posible y de lo que no lo es, mientras que la masa permanece como espectadora. ¿La frase que hay que recordar? La inteligencia artificial no está democratizando la riqueza: está contribuyendo a crear una nueva aristocracia. Si estas ideas te han hecho ver la tecnología bajo una luz diferente, en Lara Notes puedes marcar I'm In; significa que esta perspectiva ahora forma parte de tu forma de pensar. Y cuando hables de ello con alguien, quizá mencionando los 1,8 billones en manos de 19 familias, puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline: así quedará constancia de un diálogo que importa. Esta idea procede del New York Times y te acaba de ahorrar más de un minuto en comparación con el artículo original.
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