Kieran Setiya sobre la mediana edad 19/09/22
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Un hombre que se pasa la vida enseñando filosofía en el MIT confiesa que conocer todas las teorías sobre la muerte no lo consuela ni un poco. Kieran Setiya, autor de «Midlife», dice abiertamente que cada vez que piensa en su propio final, todavía siente ese pánico de niño: «No hay ningún remedio filosófico que realmente me haya funcionado». Y aquí se abre la primera grieta en la narrativa clásica de la crisis de la mediana edad: no es un cliché de película americana, ni una excusa para comprarse una moto, sino una pregunta existencial que la cultura nos ha enseñado primero a ridiculizar y luego a optimizar. En cambio, el verdadero punto de inflexión es aceptar que cierto malestar a mitad de camino es inevitable e incluso saludable, porque surge de una combinación de factores que ningún algoritmo de optimización puede resolver. La mayoría de la gente piensa que la crisis de la mediana edad es una moda inventada, pero estudios recientes muestran que en todo el mundo la satisfacción con la vida sigue una curva en forma de U: empieza alta, desciende entre los 40 y los 50 años y luego vuelve a subir. El impacto de la caída es comparable al de perder el trabajo o divorciarse. No será una crisis para todos, pero ese descenso de la curva es real. Setiya lo reconoce: a los 35 años, después de haber logrado todo por lo que había luchado, se despertó con una sensación de vacío que no había previsto. Estaba feliz con su carrera, sin ningún drama aparente, y sin embargo se preguntaba: «¿Cómo es posible que todo vaya bien, pero yo sienta que falta algo fundamental?» Lo que hace que la cuestión sea universal es el hecho de que no se trata solo de arrepentimientos por caminos no tomados, sino de un error de perspectiva sobre lo que hace que la vida sea realmente plena: pasamos demasiado tiempo resolviendo problemas, «tapando agujeros», y muy poco cultivando lo que Setiya llama valor existencial. No basta con eliminar el dolor: se necesita algo que tenga valor en sí mismo, como leer un poema, contemplar la naturaleza, reír con un amigo, jugar, comer bien, amar. Estos «pequeños gestos humanos» a menudo se pasan por alto precisamente porque no conducen a un resultado medible. Y aquí viene el giro: pensamos que la felicidad consiste en acumular éxitos, pero perseguir solo objetivos —las llamadas actividades télicas— nos deja siempre corriendo hacia la siguiente meta, nunca realmente satisfechos. Cuando finalmente alcanzamos un objetivo, como escribir un libro u obtener un ascenso, la satisfacción se desvanece rápidamente y enseguida nos preguntamos: «¿Y ahora qué?». Setiya distingue entre actividades «telélicas» (que tienen un fin, como cerrar un proyecto) y «atelélicas» (sin fin, como pasar tiempo con tus seres queridos, reflexionar sobre una conversación o caminar). La verdadera riqueza radica en la capacidad de vivir también el proceso, no solo el resultado. Un ejemplo humano: el propio Setiya cuenta que, aunque de joven le encantaba la filosofía, la universidad le llevó a pensar solo en publicar artículos, conseguir la cátedra, superar la enésima selección. Al final se dio cuenta de que había perdido el gusto por la «filosofía como actividad en sí misma», por la que había elegido esa profesión. Reconocer este mecanismo no es suficiente para resolver el malestar, pero es el primer paso. La cultura occidental nos bombardea con el mantra de la optimización: maximiza la productividad, elige lo mejor, acumula resultados. Pero esta lógica nos hace perseguir una ilusión: no existe una forma objetiva de comparar el valor de una carrera, de una relación, de un viaje inolvidable o de un momento de arte. La pluralidad de valores hace inevitable el arrepentimiento por los caminos no transitados, pero es precisamente esta variedad la que hace que la vida valga la pena. ¿Y cuando el pasado pesa? Aquí Setiya ofrece una poderosa arma mental: en lugar de darle vueltas a lo que podrías haber sido, intenta fijarte en los detalles concretos de tu vida tal y como es: las personas que has conocido, las experiencias únicas que has vivido, las relaciones que han surgido incluso de los errores. El apego a los detalles reales vence a la abstracción de «lo que podría haber sido». Pero atención: esta estrategia tiene límites, especialmente cuando el arrepentimiento se refiere a errores morales. En esos casos, no basta con una reestructuración mental: hay que reconocer la culpa, pedir disculpas y aprender a aceptar la imperfección radical de la vida. El tema de la muerte, que debería cerrar cualquier discurso sobre la crisis de la mediana edad, se aborda con una sinceridad cautivadora: el miedo permanece, pero tal vez la cuestión no sea eliminarlo, sino aceptarlo como parte del precio de una vida plena, donde la intensidad de los momentos aumenta precisamente por su finitud. Al fin y al cabo, como dice Setiya, «el sentido de la vida no está en llevar a cabo el mayor número posible de proyectos, sino en saber vivir el tiempo que se nos ha dado, con todas sus imperfecciones, sus arrepentimientos y su frágil belleza». Si esta perspectiva ha cambiado tu forma de ver la mediana edad, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: elige si es solo curiosidad, si lo has vivido en tu propia piel o si realmente lo crees. Y si dentro de unos días te encuentras hablando de ello con un amigo o con tu madre, en Lara Notes puedes etiquetar a quien estaba contigo con Shared Offline, porque ciertas conversaciones merecen ser plasmadas, no solo recordadas. Este episodio procede de EconTalk y te ha ahorrado noventa y cinco minutos de escucha.
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Kieran Setiya sobre la mediana edad 19/09/22