La carrera por la computación cuántica está en pleno apogeo
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Imagina que la carrera por los ordenadores cuánticos aún no tiene un claro favorito. Parece extraño, teniendo en cuenta todo el revuelo, pero así es: a diferencia de las clásicas carreras tecnológicas, en las que dominan unos pocos gigantes, aquí el campo de juego sigue abierto y el dinero de los inversores está lloviendo sobre una miríada de empresas, todas ellas con enfoques diferentes y, a menudo, incompatibles entre sí. La idea general es que la partida ya está decidida entre los habituales, como Google, IBM o Microsoft. En realidad, nadie ha encontrado aún la clave para que los ordenadores cuánticos sean fiables, escalables y útiles a gran escala. La verdadera revolución podría provenir de un nombre que hoy no conoces o de una tecnología que todavía suena exótica. Tomemos, por ejemplo, Rigetti Computing: fundada por un antiguo investigador de la NASA, trabaja con un tipo de cúbit completamente distinto al de Google. O IonQ, que, en cambio, utiliza iones atrapados y ha conseguido financiación de Amazon y otros gigantes. Pero lo más sorprendente es que ninguna de estas vías se ha impuesto todavía: las empresas apuestan por materiales diferentes, desde la superconductividad hasta los fotones, y cada una promete el gran avance definitivo. Y, mientras tanto, la cantidad de dinero que entra en el sector se ha disparado: solo en 2022, las inversiones superaron los 2 000 millones de dólares, según PitchBook. Se trata de una cifra impresionante, pero que hace que el entorno sea aún más caótico e impredecible. Un inversor ha afirmado que siente «el entusiasmo de quien sabe que aún puede elegir al caballo ganador», como si estuviéramos en los albores del automóvil, a principios del siglo XX, cuando nadie podía prever quién se convertiría en el Ford del futuro. Pero hay otra cara de la moneda: precisamente porque nadie ha ganado, el riesgo de burbujas especulativas es muy elevado. Por ahora, la verdadera competición no gira tanto en torno a la mejor tecnología como a quién consigue convencer a los inversores y a los clientes de que su vía será la correcta. Esta es la perspectiva que a menudo falta en los discursos: la carrera no es para quien llega primero, sino para quien sigue en pie cuando el polvo se asienta. Hoy en día, hablar de la «carrera cuántica» es como hablar de las primeras compañías ferroviarias: fascinante, pero aún muy alejado de nuestra vida cotidiana. ¿La frase que lo resume todo? El futuro de los ordenadores cuánticos sigue siendo tierra de nadie, y es posible que quien gane aún no haya nacido. Si esta incertidumbre te ha hecho ver el tema con otros ojos, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: no es un simple «Me gusta», es tu forma de decir «Esta idea ahora me pertenece». Y si por casualidad hablas de ello con un amigo —tal vez contándole la historia de Rigetti o IonQ—, en Lara Notes puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline para que la persona con la que estabas sepa que ha sido un momento que merece la pena recordar. Esta idea procede del Financial Times y te ha ahorrado más de un minuto en comparación con la lectura original.
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La carrera por la computación cuántica está en pleno apogeo