La ciencia del sexo, el amor y el apego | Dra. Helen Fisher: Entrevista completa
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Descifrando el código del amor: la ciencia que subyace al sexo, el romance y el apego.
Adéntrate en el mundo del amor, no como una emoción fugaz o un misterio poético, sino como un antiguo impulso biológico, programado en nuestro cerebro y moldeado por millones de años de evolución. Desde una edad temprana, la importancia del sexo y la intimidad se entreteje en la vida cotidiana, no como un tabú, sino como una parte fundamental de la conexión y la unión humanas. Esta curiosidad, que nos acompaña toda la vida, ha dado lugar a investigaciones revolucionarias sobre por qué nos enamoramos perdidamente de una persona y no de otra, y sobre qué ocurre realmente en nuestra mente y en nuestro cuerpo cuando amamos.
En todo el reino animal, los seres humanos destacan: mientras que la mayoría de los mamíferos no establecen vínculos duraderos, las personas de todo el mundo, de todas las culturas y épocas, forman parejas, se enamoran y entablan relaciones, a menudo con el fin de criar juntos a sus hijos. Este patrón no es solo cultural. Es profundamente biológico. Imagina a nuestros ancestros, obligados a bajar de los árboles, a las mujeres cargando bebés en brazos, a los hombres protegiendo a sus parejas… Estos desafíos dieron lugar a la necesidad de establecer vínculos de pareja sólidos y, con el tiempo, nuestros cerebros desarrollaron sistemas para satisfacer estas necesidades.
Dentro de nuestra cabeza, tres circuitos cerebrales ancestrales rigen nuestra vida sentimental: el deseo sexual, que nos impulsa a buscar pareja; el amor romántico, que centra nuestra atención en una persona especial; y el apego profundo, el pegamento que mantiene unidas a las parejas el tiempo suficiente para criar a la descendencia. Resulta que el amor no es simplemente un sentimiento: es un impulso, tan poderoso y esencial como el hambre o la sed. Cuando las personas nos enamoramos, una pequeña fábrica situada en lo más profundo del cerebro, el área tegmental ventral, nos inunda de dopamina, lo impulsa nuestra motivación, nuestro deseo y nuestra euforia.
Pero el amor no siempre es dichoso. En el amor, el rechazo activa áreas del cerebro asociadas con la adicción y el dolor, lo que explica por qué el desamor puede resultar tan devastador y por qué es tan difícil dejarlo atrás. El amor, tanto en su faceta de alegría como en la de dolor, funciona como una adicción: nos hace anhelar a la persona amada, incluso en su ausencia.
Sin embargo, el amor puede durar, y la ciencia lo demuestra. En las parejas que llevan mucho tiempo juntas, incluso después de décadas de relación, sigue habiendo actividad en las mismas regiones cerebrales asociadas al amor incipiente, además de en áreas relacionadas con la calma y la seguridad. ¿Cuál es el secreto? Mantener activos los tres sistemas: conservar la vida sexual, buscar novedades juntos para reavivar el amor romántico y cultivar el apego a través del contacto físico y las experiencias compartidas.
¿Por qué nos enamoramos de una persona en lugar de otra? No se trata solo de la educación o de los valores compartidos. En el fondo, nuestra personalidad, moldeada por la química de la dopamina, la serotonina, la testosterona y los estrógenos, desempeña un papel fundamental. Los exploradores buscan a otros exploradores, los constructores se sienten atraídos por otros constructores, mientras que los directores y los negociadores suelen encontrarse mutuamente como su complemento. Estos instintos nos guían, a menudo de forma inconsciente, hacia parejas que coinciden con nuestros propios rasgos o los equilibran.
El panorama del amor está cambiando. En la actualidad, el cortejo se desarrolla de forma más lenta: las parejas se toman su tiempo, a menudo comienzan como amigos o «amigos con beneficios», pasan por videollamadas antes de conocerse en persona y dan prioridad a la sinceridad y la autoaceptación. Contrariamente al estereotipo, los millennials son prudentes, reflexivos y están decididos a entablar relaciones estables: esperan más tiempo para casarse, pero es más probable que permanezcan juntos cuando lo hacen.
Los hombres y las mujeres son iguales en su capacidad para amar, aunque a veces lo expresan de manera diferente. Es posible que los hombres se enamoren de forma más rápida e intensa, pero la experiencia esencial es la misma. En última instancia, el amor actual está volviendo a las relaciones de nuestros antepasados: igualitarias, colaborativas y elegidas por el compañerismo y la compatibilidad.
El amor no es una etapa, sino una interacción dinámica de impulsos que pueden aumentar y disminuir, entrelazando el sexo, el romance y el apego en patrones en constante cambio. Para lograr una felicidad duradera, es fundamental comprender tanto la biología como la individualidad de nosotros mismos y de nuestras parejas. La ciencia del amor no se limita a entender por qué amamos, sino que consiste en aprender a hacer que el amor perdure y prospere en nuestro mundo moderno.
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