La generación Z, pero hace dos siglos

Englishto
Pensar que la generación Z es la primera en sentirse fuera de lugar, ansiosa y sin futuro es un error histórico: ya hace dos siglos, en Francia, los jóvenes se describían a sí mismos como «corazones llenos en un mundo vacío». Es la frase que Chateaubriand utilizó para describir el mal du siècle, la «enfermedad del siglo»: una sensación de aburrimiento, insatisfacción y angustia generalizada, que hoy llamaríamos crisis generacional. La tesis de hoy es la siguiente: lo que experimentamos como malestar personal —ansiedad, apatía, depresión— no es solo un problema individual, sino una reacción colectiva a una época que parece habernos robado el futuro. Hace doscientos años, los jóvenes franceses admiraban a sus padres, que habían vivido a Napoleón, la Revolución y la posibilidad de cambiar realmente el mundo. Ellos, en cambio, se sentían nacidos demasiado tarde, condenados a vivir entre las ruinas de algo grande, mientras la promesa de un mañana mejor se posponía una y otra vez. Musset, poeta y novelista, lo narró todo en la «Confesión de un hijo del siglo», donde el protagonista, Octave, se encuentra sin rumbo tras una decepción amorosa, incapaz de encontrar sentido en el trabajo, en la religión, en la sociedad burguesa que había sustituido la gloria y los ideales por el cálculo y la mediocridad. El detalle que llama la atención es que Octave, como muchos de sus coetáneos, buscaba consuelo no tanto en la acción, sino en la ironía, en el cinismo, en la huida a las emociones fuertes o en la nostalgia de mundos antiguos y perdidos. Algo parecido a como hoy nos refugiamos en el «doomscrolling», en el sarcasmo en línea, en una sensación de apocalipsis permanente que se convierte casi en un estilo de vida. Hay una escena biográfica que parece escrita para la generación Z: Musset y su amante, George Sand, van a Venecia para huir de todo, se ponen enfermos, él se siente traicionado y vuelve a París para escribir sobre una generación que se siente «nacida demasiado tarde en un mundo demasiado viejo». Los amigos de Octave no le ofrecen consuelo, solo bromas amargas y desapego. La cuestión es que este malestar no surge solo de traumas personales: es la respuesta a una época que ya no ofrece grandes narrativas, sino solo rutina e información sin experiencia. Un dato: ya en el siglo XIX se notaba que la abundancia de libros e historias no coincidía con una vida más plena, sino todo lo contrario: «Nuestra imaginación es rica y está llena de maravillas, pero nuestra existencia es pobre, insípida, sin encanto», escribía Chateaubriand. Hoy en día, esta frase parece referirse a TikTok e Instagram, donde lo vemos todo sin vivir nada. Y hay más: entonces, como ahora, los síntomas del mal du siècle se propagaban como un virus social: novelas y poemas circulaban entre los jóvenes, amplificando el malestar y a veces incluso provocando oleadas de suicidios imitativos, como sucedió después de «Los sufrimientos del joven Werther» de Goethe. Hoy, el mecanismo se repite con las «echo chambers» y la viralización de la ansiedad colectiva en línea. Pero detenerse aquí es arriesgado, porque tanto Musset como George Sand advertían contra la tentación de regodearse en la infelicidad, de utilizar el malestar como excusa para no actuar. Sand, en particular, optó por transformar su inquietud en acción concreta: fundó periódicos, apoyó a los trabajadores y desafió las normas sociales y políticas de su tiempo. Al fin y al cabo, el verdadero antídoto contra el mal du siècle, ayer como hoy, no es la apatía o el cinismo, sino reconocer que la tristeza y la rabia son respuestas sanas a un mundo injusto y pueden convertirse en el impulso para cambiar las cosas. Así que la próxima vez que sientas que «ya se ha hecho todo», recuerda que otros antes que tú han vivido lo mismo, y que la historia no premia a quienes se refugian en la cama frente a una pantalla, sino a quienes encuentran el valor para actuar. El futuro siempre parece cerrado, hasta que alguien decide reabrirlo. Si te has reconocido en estas emociones, en Lara Notes puedes pulsar I'm In: no es un «me gusta», es tu forma de decir que esta historia también habla de ti. Y si por casualidad hablas de ello con alguien, tal vez contándole que ya en el siglo XIX se hablaba de «corazones llenos en un mundo vacío», en Lara Notes puedes etiquetarlo con Shared Offline: así, esa conversación sigue viva incluso después. Esta Nota viene de Aeon y te acaba de regalar 9 minutos más para pensar.
0shared
La generación Z, pero hace dos siglos

La generación Z, pero hace dos siglos

I'll take...