La hora postrera
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¿Alguna vez has sentido que eres varias personas al mismo tiempo? Juan José Millás dice que nunca ha tenido un yo estable, que en vez de una sola identidad es como un archipiélago de yos, cada uno para una ocasión distinta. Imagínate un espejo roto en mil pedazos: en cada fragmento hay una versión tuya, pero ninguna es la verdadera. Millás cuenta que hay un yo que come, uno que lee, uno que va al cine, otro que es padre y uno —ya huérfano— que se sienta en la cafetería del tanatorio recordando a sus padres. Cada uno aparece según la situación, y ninguno se comunica con los demás. Por eso, dice, necesita tanto amor: porque el amor funciona como pegamento para unir todas esas piezas sueltas. Hay detalles muy concretos que hacen que esto no sea solo filosofía: Millás describe cómo, en la farmacia, adopta un yo sumiso que pronuncia los nombres de los medicamentos con seriedad y asiente a todo lo que le dice el farmacéutico. En cambio, en una librería emerge un yo insolente, que usa la arrogancia para tapar su complejo de inferioridad. Lo más curioso es que esos yos ni siquiera se reconocen entre sí: el de la farmacia ignora al de la librería, igual que el yo de los funerales ignora al de las bodas. Y aquí llega la pregunta que lo cambia todo: ¿Morirán todos estos yos de golpe, como un apagón general, o irán desapareciendo uno por uno? ¿Quién se encargará de tu último suspiro? Millás se pregunta si esos «yos» discretos, que casi nunca han salido a la luz, pedirán su momento de protagonismo justo en la hora final. A lo mejor la identidad no es una sola cosa, sino una especie de tratado de paz temporal entre todas las versiones de uno mismo. Millás lo llama, con un poco de ironía, identidad: un simple acuerdo provisional que nos da la sensación de unidad. Ahora, detente un segundo. Estamos acostumbrados a pensar que somos una sola persona, sólida y coherente. Pero, ¿y si en realidad somos una multitud mal avenida, que solo de vez en cuando consigue ponerse de acuerdo? Imagina la cantidad de decisiones y recuerdos que podrían haber tomado otros «yos» que casi nunca ves. El giro inesperado es este: lo que llamamos «ser nosotros mismos» tal vez no sea más que una tregua entre versiones en conflicto. Así que, la próxima vez que te preguntes quién eres, piensa que tal vez la respuesta sea: depende de en qué farmacia, librería o tanatorio te encuentres. En una frase: la identidad no es una fortaleza, es una reunión improvisada entre mil «yos» que apenas se soportan. Si te reconoces en esta visión fragmentada, en Lara Notes puedes marcarlo con I'm In; no es un «Me gusta», es tu forma de decir: esta idea ya forma parte de ti. Y si algún día compartes esta historia con alguien, en Lara Notes puedes usar Shared Offline para indicar que esa conversación valió la pena y merece recordarse. Esta Nota procede de El País y te ha ahorrado 6 minutos de lectura.
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