La importante contribución de los videojuegos a la guerra moderna

Frenchto
A pocos kilómetros del frente, un soldado ucraniano pilota un dron militar con un mando de Xbox modificado. El gesto con el pulgar es el mismo que utilizaba para controlar a un personaje en Fortnite. No es ciencia ficción: hoy en día, la guerra real se libra con los mismos dedos y los mismos reflejos que en un videojuego. La idea que sigue circulando es que los videojuegos no son más que una vía de escape, un pasatiempo sin repercusión en el mundo real. Pero esta historia te obliga a mirar la realidad: desde hace sesenta años, los ejércitos y la industria de los videojuegos están estrechamente vinculados. El entrenamiento, el reclutamiento e incluso el diseño de las armas modernas están impregnados del lenguaje de los videojuegos. Peter Singer, experto en tecnología militar, lo afirma sin rodeos: las empresas de consolas han invertido cientos de millones para crear mandos que cualquiera pueda dominar en pocas horas. Ahora, esos mandos acaban en manos de los soldados, y no por casualidad. En Kiev, en 2025, está Uriy, de 37 años, desarrollador del simulador Ukrainian Fight Drone. Ha presenciado la transformación en primera persona: chavales que crecen con Call of Duty se encuentran pilotando drones de guerra con una facilidad que pone los pelos de punta. Los FPV, los drones «en primera persona», se manejan en búnkeres secretos cerca del frente. Las pantallas, los auriculares e incluso las gafas de «gamer» son los mismos que los de una sala de videojuegos. Pero aquí lo que está en juego son vidas reales. Un detalle sorprendente: el ejército ucraniano recluta abiertamente entre los «gamers», porque sabe que quienes saben manejar una consola sabrán pilotar un dron en combate. No se trata de un caso aislado. Los académicos hablan de un «complejo militar-industrial del entretenimiento»: una relación orgánica en la que los videojuegos de guerra también se utilizan para reclutar, entrenar y desensibilizar. Un dato que deja boquiabiertos: los fabricantes de consolas diseñan las interfaces para millones de jugadores, pero la verdadera genialidad es hacerlas perfectas también para los militares. ¿La escena más inquietante? Un soldado que pasa del mando de Fortnite a pilotar un dron armado, sin siquiera cambiar de postura. Pero hay un aspecto que nadie discute: si la destreza manual y la frialdad de los jugadores se convierten en armas, ¿qué queda de la distancia entre el juego y la realidad? Hay quienes temen que esta superposición reste importancia a la decisión de matar y haga que la guerra se parezca aún más a un espectáculo. La frase final es la siguiente: hoy en día, la frontera entre los videojuegos y la guerra no es borrosa, sino que se ha eliminado deliberadamente. Si te has dado cuenta de que el mando que tienes en la mano ya no es solo un juego, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: es tu forma de decir que esta idea te afecta de cerca. Y si te encuentras contando esta historia a alguien, puedes etiquetar la conversación con Shared Offline: es la forma de no olvidar que ciertas ideas cambian nuestra forma de hablar de verdad. Esto era Le Monde; te has ahorrado al menos ocho minutos en comparación con leer el artículo completo.
0shared
La importante contribución de los videojuegos a la guerra moderna

La importante contribución de los videojuegos a la guerra moderna

I'll take...