La inminente crisis de seguridad nacional cuántica
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Un ordenador cuántico podría descifrar un código que hoy le llevaría a un superordenador clásico unos 300 billones de años... en menos de ocho horas. Esto no es ciencia ficción: China y Rusia ya están recopilando datos cifrados occidentales, esperando únicamente el momento en que la tecnología cuántica sea lo suficientemente poderosa como para desvelar esos secretos. La idea común es que la criptografía es un muro infranqueable, al menos durante décadas. Pero está a punto de convertirse en papel de seda. El verdadero cambio radical está aquí: lo que hoy es seguro, dentro de unos años podría ser transparente como el cristal. Y no solo en lo que respecta a los secretos que protege la Casa Blanca, sino también a los historiales médicos, las transacciones financieras y los proyectos industriales. Anne Neuberger, la autora de esta advertencia, ha trabajado durante años en la seguridad nacional estadounidense. Cuenta que, mientras en Occidente las empresas privadas como IBM y Google lideran la investigación cuántica, en China el Gobierno ha puesto la cuántica en el centro del plan quinquenal, apostando por completo por laboratorios como Hefei. Una frase suya me ha quedado grabada: «Es difícil exagerar la amenaza cuántica para la seguridad nacional». Y los detalles son desconcertantes. Fíjate en esto: Pekín y Moscú ya han construido «enlaces cuánticos seguros» entre satélites y estaciones terrestres, que en teoría señalan de inmediato si alguien está interceptando. En 2025, China demostró que podía conectar estaciones a más de 8000 kilómetros de distancia sin riesgo de espionaje. Detrás hay una carrera geopolítica: Estados Unidos ha formado el Quantum Development Group con Francia, Japón, Reino Unido y otros diez países para bloquear las cadenas de suministro y proteger los secretos. China, por su parte, se mueve con los BRICS, especialmente con Rusia, que después de 2022 ha reforzado la cooperación militar y tecnológica. Pero el dato que realmente da que pensar es este: todos ya están recopilando datos cifrados, con la esperanza de que sigan siendo útiles cuando se rompa el cifrado. La información más sensible, como los proyectos nucleares, seguirá siendo relevante durante décadas. Mientras tanto, el sector privado se está moviendo: en 2024 se estandarizaron los primeros algoritmos «cuánticamente seguros» y Google tiene como objetivo utilizarlos en todas partes para 2029, acelerando los plazos con respecto a lo previsto. Sin embargo, incluso si lográramos blindarlo todo antes de que llegue el ordenador cuántico, los datos ya recopilados hoy podrían descifrarse mañana. Y no basta con cambiar las contraseñas: se necesitan estrategias para saber qué se ha expuesto ya y prepararse para gestionar la pérdida. Un detalle curioso: también en la colaboración internacional hay un doble nivel. Estados Unidos y China trabajan juntos en estándares y protocolos para evitar que Internet se divida en bloques incompatibles, pero cuando se trata de hardware militar, cada uno juega por su cuenta. Sin embargo, hay un aspecto del que todavía se habla poco: la amenaza no es solo que se lean los secretos, sino que toda la infraestructura de la confianza en línea —bancos, comunicaciones, comercio— se vuelva repentinamente porosa, lo que obligaría a tomar decisiones drásticas, como desconectar sistemas enteros que no sean adecuados o repensar los cimientos de la web. La frase que lo resume todo: lo que hoy está cifrado podría estar pronto al alcance de cualquiera que tenga el primer ordenador cuántico en funcionamiento. Si esta perspectiva ha cambiado tu forma de ver la seguridad digital, en Lara Notes puedes indicar que esta idea ahora es tuya con I'm In: tú eliges si es solo interés, experiencia o una convicción profunda. Y si dentro de unos días le cuentas a alguien que China y Rusia ya están recopilando nuestros datos cifrados para leerlos dentro de cinco años, en Lara Notes puedes volver y etiquetar a quien estaba contigo: se llama Shared Offline. Esta Nota proviene de Foreign Affairs y te ha ahorrado 6 minutos de lectura.
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