La locura de la teoría del loco

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¿Has oído hablar alguna vez de la «teoría del loco» en la política internacional? La idea es la siguiente: si un líder parece lo bastante impredecible, casi fuera de control, sus oponentes procurarán no provocarlo, por temor a que haga algo descabellado. En la década de 1960, Richard Nixon la convirtió en una estrategia declarada: hacía saber a los soviéticos y a los norvietnamitas que estaba dispuesto a cualquier cosa, incluso a pulsar el botón nuclear. Pero aquí aparece la paradoja: la Teoría del Loco no solo no funcionó en el caso de Nixon, sino que puede resultar aún más peligrosa en la actualidad. Existe la creencia generalizada de que fingir ser irracional es una forma astuta de conseguir concesiones. En realidad, es como jugar al póquer mostrando las cartas: una vez que todo el mundo se da cuenta de que la imprevisibilidad es una farsa, el farol pierde fuerza y aumenta el riesgo de una escalada real. Nixon creía que dominaba la escena infundiendo miedo, pero sus interlocutores, sencillamente, no le creían. Se cuenta que, en 1969, ordenó que los bombarderos nucleares permanecieran en vuelo durante semanas, a la espera de una señal. Sin embargo, tanto Moscú como Hanói se mantuvieron impasibles. Nadie se inmutó. El mismo patrón se repite hoy con Donald Trump, a quien a menudo se describe como el último representante de la teoría del loco. Pero el mundo ha cambiado: en la era de las redes sociales, la reputación de estar fuera de control se convierte en un boomerang. Un diplomático europeo afirmó: «Si todo es espectáculo, ya nadie se toma en serio las amenazas». Y hay un dato que invita a la reflexión: ninguno de los grandes éxitos diplomáticos recientes ha sido obra de líderes impredecibles, sino de figuras consideradas estables y fiables. Hay un aspecto aún más sutil: la teoría del loco solo funciona si la locura es creíble, pero basta con que el farol se descubra una sola vez para que todo se venga abajo. En última instancia, la verdadera fuerza de la diplomacia no reside en parecer peligrosos, sino en generar confianza y previsibilidad. La idea de que «enloquecer» a voluntad es una estrategia ganadora pertenece al pasado más que al futuro. Si esta perspectiva te ha hecho ver la política internacional de forma diferente, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: así, esta idea pasará a formar parte de tu forma de ver el mundo. Y, si por casualidad hablas de ello en una cena o tomando un café, puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline, porque ciertos temas también deben vivirse fuera de la pantalla. Esta idea procede del Financial Times; te has ahorrado más de un minuto en comparación con el artículo original.
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La locura de la teoría del loco

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