La metapolítica, esa noción en el centro de la ofensiva llevada a cabo por la derecha reaccionaria en la cultura

Frenchto
Hay una palabra que se oye cada vez más, pero que casi nadie sabe explicar realmente: «métapolitique». No es una nueva moda filosófica, sino el núcleo de una estrategia que está cambiando la forma en que la derecha radical busca el poder en Francia. La idea revolucionaria es que la verdadera batalla política no se libra en las urnas, sino en la cultura: en las librerías, el cine, la televisión e incluso en las fiestas o en las redes sociales. Metapolítica significa trabajar antes que la política: cambiar las ideas de la gente, para que lo que hoy parece impensable mañana se convierta en normal. En lugar de convencer con los programas electorales, quienes utilizan la métapolitique pretenden ocupar todos los espacios donde se forman los valores y los deseos, desde la literatura hasta la música, desde el cine hasta las redes sociales. Tristan Boursier, politólogo y docente en Montreal, explica que la métapolitique no busca el poder directo, sino que quiere hacer aceptables ideas que hasta ayer estaban al margen. No es una teoría que haya nacido ayer: el término ya se encuentra en las obras de Joseph de Maistre, pensador contrarrevolucionario del siglo XVIII, que lo utilizaba para hablar de una «metafísica de la política», es decir, ese conjunto de valores y visiones del mundo que se encuentran bajo la superficie de las leyes y los gobiernos. Pero desde los años setenta, la nueva derecha francesa ha convertido esta vieja palabra en un arma. En lugar de apostar todo por los partidos y los parlamentos, ha comenzado a invertir en el sector editorial, los festivales, las escuelas y los medios de comunicación. Piensa en lo que ha sucedido recientemente: el despido del director de la histórica editorial Grasset, las polémicas sobre los nombramientos y la financiación en el cine, y el intento de poner a grandes cadenas como UGC bajo el control de empresarios con afiliación política. Es una estrategia lenta, casi invisible, pero que transforma el terreno de juego. Un dato que deja estupefactos: en los círculos académicos se ha visto que la métapolitique consigue cambiar el sentido común más a menudo que cien campañas electorales. Y aquí está el verdadero vuelco: nos preocupamos por quién gana las elecciones, pero mientras tanto son las narrativas, los símbolos, las novelas y las series de televisión los que desplazan las fronteras de lo que es decible o pensable. La pregunta que nadie se hace es: ¿quién decide lo que se convierte en normal? Y si la respuesta son cada vez más a menudo editores, «influencers» y productores vinculados a visiones radicales, entonces el verdadero juego se juega mucho antes de las urnas. Ahora bien, hay quienes piensan que esta es una estrategia exclusiva de la extrema derecha, pero en realidad la métapolitique puede ser utilizada por cualquier movimiento que tenga paciencia y visión para cambiar la cultura desde abajo. Al fin y al cabo, si quieres cambiar el mundo, primero tienes que cambiar las historias que la gente cuenta y escucha. Las elecciones son solo la punta del iceberg: la verdadera batalla es por el imaginario colectivo. Si después de esta Nota te das cuenta de que tú también has subestimado hasta qué punto la cultura se adelanta a la política, en Lara Notes puedes pulsar I'm In: es la forma de decir que esta perspectiva ahora te pertenece. Y si en los próximos días te encuentras hablando de ello con alguien, tal vez mientras veis una película o comentáis un libro, en Lara Notes puedes etiquetar a quien estaba allí con Shared Offline: así, esa conversación sigue viva incluso fuera de la pantalla. Esta idea viene de Le Monde y te ahorra 2 minutos de lectura.
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