La mitología de Magnum P.I. y el desplazamiento de la voz masculina: análisis de las complejas relaciones entre hombres en los Estados Unidos tras la guerra de Vietnam

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Imagina una serie de televisión de los años ochenta que, en realidad, narra la crisis de identidad de toda una generación de hombres, y que cualquier intento de «reboot» moderno no solo la vacía, sino que la traiciona. Magnum, P.I., en su versión original, no era solo una serie de aventuras en Hawái, sino la forma en que una América herida por Vietnam representaba el trauma colectivo de unos hombres que ya no sabían qué significaba ser hombres. La tesis aquí es clara: el núcleo de la serie no son las investigaciones ni el bigote de Tom Selleck, sino la tensión entre dos tipos de masculinidad marcados por la guerra, y ninguna versión moderna puede recrear esa dinámica, porque ese tipo de crisis masculina ya no existe de la misma manera. Todo el mito de Magnum, P.I. reside en la relación entre Magnum, un antiguo marine herido y desilusionado por Vietnam, y Higgins, un británico formado en las guerras «justas» de otra época. Dos hombres diferentes, pero ambos destrozados: uno cínico, otro estoico; uno que se refugia en las interminables puestas de sol de Hawái para no envejecer, el otro que se aferra a las normas de su pasado militar como a un ancla. Al principio, son casi enemigos, unidos únicamente por la necesidad de convivir en una mansión que en realidad no pertenece a ninguno de los dos. Pero es precisamente en los detalles donde la historia cobra vida: como cuando Higgins habla de sus «chicos» con nostalgia, pero arrastra el peso de decisiones turbias tomadas en la guerra, o cuando Magnum confiesa que se siente envejecido de repente, privado de una verdadera juventud por culpa de Vietnam: «Me desperté un día y me di cuenta de que tenía 32 años, pero nunca había tenido 22». Hay una escena crucial: en el episodio doble «All For One», reaparece un antiguo compañero de armas traidor, y los viejos amigos de Magnum —T.C., Rick y él mismo— deciden ayudarlo de todos modos, porque el código de los soldados es más fuerte que las desilusiones. Y es precisamente Higgins, aparentemente ajeno a aquella guerra, quien se une en silencio a la misión: «Nunca he abandonado a mis chicos». En Camboya, Higgins salva la vida a Rick con una transfusión improvisada utilizando cañas de bambú, convirtiéndose por fin en uno de los «lads». Y, al final, en la playa, la pregunta de Rick —«¿Y si no hubiéramos ido?»— recibe la respuesta más magnumiana y más higginsiana posible: «Fuimos». En ese momento, la distancia entre las dos masculinidades se desvanece. Pero la clave es que esta complejidad surge únicamente porque eran hombres forjados por guerras muy diferentes, con cicatrices que la sociedad ya no entendía. Hoy, el «reboot» nos presenta a un Magnum de fiesta universitaria y a una Higgins hipersexualizada: se pierde la profundidad, a quienes se atreven a criticarla se les tacha de sexistas, mientras que la verdadera masculinidad —la de la lealtad, la de la duda, la del trauma nunca superado— se reduce a una caricatura. Es como reescribir la Odisea quitando a Ulises y dejando solo la fiesta. El verdadero Magnum, P.I. era un Ulises moderno, un hombre que, como dice Tennyson, «ya no somos esa fuerza que en otro tiempo movía el cielo y la tierra, sino que somos lo que somos: corazones heroicos debilitados por el tiempo y el destino». Hoy en día, ese tipo de voz masculina ya no encuentra cabida, y cualquier intento de actualizarla sin reconocer su contexto histórico no es más que una versión descolorida, incapaz de hablar realmente de la crisis que la había generado. La masculinidad, como aquellos viejos soldados de los que hablaba MacArthur, «nunca muere, simplemente se desvanece». Quizás la verdadera pregunta no sea si se puede rehacer Magnum P.I., sino si todavía nos interesa comprender qué sucede cuando una sociedad deja de escuchar su voz masculina más profunda. Los tiempos en los que Magnum y Higgins podían aprender a respetarse mutuamente han quedado atrás, y cada «reboot» lo demuestra. Si esta historia te ha impactado, en Lara Notes puedes decir «I'm In»: no es un «Me gusta», sino la señal de que esta reflexión ahora te pertenece. Y si la conversación sobre Magnum, Higgins y el significado de la masculinidad te lleva a hablar de ello con alguien, puedes indicarlo con Shared Offline, porque las conversaciones importantes no se archivan, se recuerdan. Este artículo de análisis procede de Medium y te ha ahorrado 12 minutos de lectura.
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La mitología de Magnum P.I. y el desplazamiento de la voz masculina: análisis de las complejas relaciones entre hombres en los Estados Unidos tras la guerra de Vietnam

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