La nueva brutalidad de OpenAI
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Una nueva era despiadada para la inteligencia artificial.
Imagina una empresa que en su día fue célebre por sus orígenes abiertos y altruistas, pero que ahora ejerce el poder legal con la confianza y la intensidad de un gigante de Silicon Valley. El panorama ha cambiado y lo que antes era un ambicioso laboratorio de investigación es ahora un gigante cuya influencia llega a todos los rincones de la tecnología, e incluso a las tragedias personales de sus críticos.
Todo comienza con una desgarradora demanda: unos padres afligidos culpan a un chatbot de inteligencia artificial del suicidio de su hijo adolescente, pero se encuentran con que se les presentan demandas legales invasivas. Las solicitudes incluyen vídeos privados de los servicios conmemorativos, listas de todos los asistentes e incluso los nombres de todas las personas que cuidaron a su hijo durante más de medio decenio: amigos, profesores, conductores de autobuses, compañeros de viaje. El abogado de la familia lo califica de despreciable y, sin embargo, este es solo un ejemplo de la nueva postura agresiva de la empresa.
La dureza jurídica no es nada nuevo en el mundo de las grandes empresas, pero se trata de un giro dramático para una empresa que en su día defendió la apertura y la colaboración. En los últimos meses, no solo las familias han sentido el golpe. Las pequeñas organizaciones sin ánimo de lucro que critican el cambio de la empresa de una gobernanza sin ánimo de lucro a un modelo con ánimo de lucro están recibiendo citaciones radicales, obligadas a presentar montones de documentos y justificar su financiación. Incluso las organizaciones que simplemente copatrocinaron las regulaciones u ofrecieron críticas públicas se ven obligadas a gastar sus escasos recursos en defensa legal, con su reputación empañada por la asociación y la sospecha.
No se trata de un solo caso judicial. Es un patrón: la empresa ahora flexiona su músculo legal contra aquellos que desafían sus prácticas, ya sean padres, perros guardianes o incluso antiguos partidarios de la comunidad de seguridad de la IA. En público, sus líderes son combativos, se enfrentan a críticos y rivales en las redes sociales y en eventos en vivo, y esquivan las preguntas difíciles con bravuconería. Entre bambalinas, están remodelando las estructuras legales y de gobernanza de la empresa para atraer miles de millones en nuevas inversiones, pasando de un espíritu sin ánimo de lucro a un coloso con ánimo de lucro, manteniendo al mismo tiempo el suficiente escaparate sin ánimo de lucro para mantener las apariencias.
A medida que se apresura a lanzar nuevos productos (aplicaciones de redes sociales, navegadores, funciones de compra e incluso dispositivos personales), la misión original de desarrollar IA en beneficio de toda la humanidad parece cada vez más lejana. En cambio, las acciones de la empresa sugieren una nueva ambición: no solo dar forma a la tecnología, sino remodelar la propia sociedad al servicio de su propia visión de la inteligencia artificial.
En esta nueva era, la empresa se encuentra codo con codo con los grandes nombres de la tecnología, sus tentáculos llegan más lejos y sus tácticas son cada vez más contundentes. El mundo observa cómo cambia la transparencia por el poder, la investigación por una expansión empresarial implacable y la colaboración por una marca de brutalidad legal que indica lo mucho que se ha elevado la apuesta en la carrera por controlar el futuro de la IA.
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La nueva brutalidad de OpenAI