La orgía del Burning Man: bienvenidos al último desastre del festival
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Orgy Dome en el desierto: cuando la tienda más salvaje de Burning Man se fue volando.
Imagina el desierto de Nevada, donde cada verano decenas de miles de personas se reúnen para un festival que promete una autoexpresión radical. Entre sus atracciones más infames se encuentra una enorme tienda conocida como Orgy Dome, una institución de 22 años, no solo un mito, sino un refugio real, más o menos hemisférico, para parejas y grupos con una actitud positiva hacia el sexo que buscan conectar en un mar de colchones. Entrar es fácil: trae a un compañero que esté de acuerdo, una buena dosis de aventura y, a ser posible, un buen sentido del humor sobre la arena en lugares incómodos.
En el interior, hay menos caos bacanal de lo que podrías pensar. Las estrictas reglas de consentimiento, las colas, el desinfectante de manos e incluso los guantes forman parte de la preparación, lo que garantiza que el placer no se produzca a expensas de la seguridad. La popularidad de la cúpula es innegable. Solo el año pasado, cinco mil personas pasaron por su abrazo con aire acondicionado, convirtiéndolo en un elemento legendario de la tradición del festival.
Pero este año, el sueño de la intimidad en el desierto se desvaneció tan rápido como el rocío de la mañana. Justo cuando comenzaba el festival, unos fuertes vientos arrasaron el lugar y el Orgy Dome, a pesar de los esfuerzos de su equipo de construcción, se redujo a un recuerdo. La destrucción no se limitó a esta carpa: las tormentas de polvo barrieron el terreno, aplanaron los campamentos, dañaron las instalaciones y enviaron al menos a cuatro personas a buscar atención médica.
Los festivales no son ajenos a los desastres: piensa en eventos de lujo que han salido espectacularmente mal o en legendarias reuniones musicales que se han convertido en pruebas de resistencia en el barro. Incluso el propio Burning Man ha tenido su buena dosis de caos, como el año en que las tormentas tropicales dejaron a setenta mil personas atrapadas en el barro.
Esta vez, la historia trata de un espacio diseñado para una conexión sin inhibiciones, arrastrado por fuerzas que escapan al control de cualquiera. Los organizadores esperan salvar el espíritu del festival con talleres, pero para aquellos que sueñan con un encuentro amoroso en el desierto, este año no se repetirán los legendarios moresomes. ¿La moraleja? En el desierto, incluso los planes más salvajes pueden ser barridos por una sola ráfaga de viento.
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