La renta universal, una idea utópica y liberal que vuelve con fuerza en Silicon Valley
Frenchto
Imagina la escena: estudiantes estadounidenses que, en lugar de aplaudir los discursos sobre las maravillas de la inteligencia artificial, abuchean a los oradores en las ceremonias de graduación. Sucede de verdad, incluso a personajes como Eric Schmidt, exjefe de Google, al que echaron del escenario en la Universidad de Arizona. Estamos en 2026, y la Generación Z en Estados Unidos, que trabaja con la inteligencia artificial y juega con ella todos los días, empieza a odiarla. Una encuesta de Gallup dice que casi un tercio de los jóvenes de entre 14 y 29 años se enfada solo de pensar en esta tecnología. ¿El motivo? Trabajar después de la graduación se ha convertido en una pesadilla: los algoritmos se llevan los puestos de trabajo, no las personas, y quienes los crean no hacen más que anunciar un «apocalipsis del empleo», como si la destrucción de millones de puestos de trabajo fuera su trofeo. Pero aquí viene el giro: los mismos grandes nombres de Silicon Valley que hablan de catástrofe proponen el remedio. La renta universal, es decir, un salario pagado a todos, sin condiciones. La idea es que, si las máquinas están a punto de quitarle el trabajo a todo el mundo, entonces hay que garantizar a cada persona una base económica para que la sociedad no se derrumbe. Pero ¿por qué esta idea, que parece sacada de una novela utópica, gusta hoy tanto precisamente a quienes producen la inteligencia artificial? Por un lado, están los filósofos y economistas históricos, que han visto en la renta universal un instrumento de emancipación, de libertad frente a la necesidad y al chantaje del trabajo. Por otro lado, ahora están los multimillonarios de la tecnología, que la proponen como una solución a los problemas que ellos mismos están creando. Hay un detalle que da que pensar: los jóvenes no se limitan a quejarse, sino que cuestionan públicamente a quienes representan al mundo de la IA. Y no es solo rabia: es la sensación de estar ante un cambio que les afecta directamente, donde el futuro del trabajo ya no es una certeza, sino una amenaza. Y luego está la jugada de los jefes de Silicon Valley, que intentan «privatizar la solidaridad»: pasar de un Estado que protege a un sistema en el que el dinero para sobrevivir llega como antídoto a los daños causados por las propias empresas. La verdadera pregunta es: ¿la renta universal de hoy es realmente una idea de justicia social o es un parche liberal puesto por quienes no quieren detener la carrera de las máquinas? Si pensabas que la renta básica era una bandera progresista, piénsalo de nuevo: en Silicon Valley se ha convertido en el paracaídas para evitar revueltas, no en el sueño de una sociedad más justa. La paradoja de 2026 es esta: la solidaridad ya no la pide la izquierda, la prometen los dueños de las máquinas. Si esta historia te ha hecho cambiar de perspectiva, en Lara Notes puedes pulsar I'm In: no es un «me gusta», es la forma de decir que ahora esta idea te concierne. Y si mañana hablas de ello con alguien, puedes usar Shared Offline para marcar la conversación: así, las ideas que importan permanecen vivas incluso fuera de la pantalla. Esto era de Le Monde y te ha ahorrado un minuto en comparación con el artículo original.
0shared

La renta universal, una idea utópica y liberal que vuelve con fuerza en Silicon Valley