«¡La vaca no es un guijarro!»: un equipo demuestra su curiosidad y su sensibilidad ante las emociones humanas
Frenchto
Imagina que estás frente a una vaca en un prado y descubres que no solo te está observando con curiosidad, sino que también intenta entender tu estado de ánimo. Eso es lo que han demostrado dos estudios franceses: las vacas no son en absoluto piedras, literalmente, «la vache n'est pas un caillou!». La tesis es simple pero sorprendente: las vacas reconocen nuestros rostros, nuestra voz y son capaces de distinguir si estamos felices o enfadados. No son autómatas que pastan sin conciencia; son animales con una sensibilidad mucho más refinada de lo que pensamos. Estamos acostumbrados a pensar en los animales de granja como criaturas simples, casi mecánicas, pero las nuevas investigaciones cambian radicalmente la perspectiva. Los protagonistas de esta historia son un grupo de científicos del Institut national de recherche pour l'agriculture, l'alimentation et l'environnement, cerca de Tours, en la región del Loira. Han trabajado con las prim'holstein, esas vacas blancas y negras que vemos a menudo en el campo francés y suizo. En el laboratorio, instalaron dos grandes pantallas para entender cómo reaccionaban estos animales a diferentes estímulos humanos. Un detalle sorprendente: las vacas miraban durante mucho tiempo los rostros proyectados en las pantallas y mostraban preferencia por los que expresaban alegría frente a los que mostraban enfado. No solo eso: fueron capaces de distinguir la voz de diferentes personas y de asociar el tono de la voz con la expresión de los rostros. Un investigador cuenta que, después de días de experimentos, algunas vacas incluso parecían reconocer a los miembros del equipo cuando se acercaban al establo, mostrando más atención o tranquilidad si ya los habían «visto» en las pantallas. Un dato que no te esperas: estas vacas son capaces de integrar información visual y sonora, una habilidad que hasta hace poco se pensaba que era típica de los primates. Los científicos han observado que las vacas se tranquilizan si ven y oyen a una persona sonriente, mientras que se inquietan si perciben ira. Al darle la vuelta a nuestra idea clásica, estas investigaciones sugieren que los animales de granja no son espectadores pasivos, sino que participan emocionalmente en las relaciones con los seres humanos. También hay una pregunta oculta: si las vacas perciben las emociones, ¿en qué medida influye nuestro comportamiento en su bienestar y, por consiguiente, en su calidad de vida e incluso en la leche que producen? Esta es una perspectiva que casi siempre falta: si nos sorprende la sensibilidad de las vacas, tal vez deberíamos preguntarnos hasta qué punto subestimamos la complejidad emocional de otros animales con los que convivimos a diario. Tal vez sean precisamente las especies que nos parecen más «banales» las que tienen una vida interior más rica de lo que imaginamos. La frase que lo resume todo: la vaca no es una piedra, es una criatura que nos mira y nos oye de verdad. Si has escuchado esta historia y ha cambiado tu forma de ver a los animales de granja, en Lara Notes puedes elegir I'm In: no es un «me gusta», es una forma de decir que esta idea ahora forma parte de ti. Y si dentro de unos días te encuentras contándole a alguien que las vacas distinguen la alegría de la rabia en nuestros rostros, en Lara Notes puedes etiquetar a quien estaba contigo con Shared Offline: es una forma de detener una conversación que importa. Esta nota proviene de Le Temps y te ahorra 6 minutos de lectura.
0shared

«¡La vaca no es un guijarro!»: un equipo demuestra su curiosidad y su sensibilidad ante las emociones humanas