La verdad sobre la obsesión de Steven Spielberg por Alien

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Steven Spielberg ha pasado cincuenta años contando historias de extraterrestres, pero la paradoja es que en sus películas apenas los ves. En Encuentros cercanos, los extraterrestres se comunican con luces y música, pero siempre permanecen en la sombra, casi escondidos detrás de un telón. En E.T., el pequeño alienígena es un pez fuera del agua, pero su mundo permanece invisible: nadie entra nunca en su nave espacial. Incluso en La guerra de los mundos, los invasores son más bien una sombra amenazadora, siempre cubiertos por sus armas, casi como si Spielberg tuviera miedo de mostrarlos realmente. Sin embargo, el nuevo Disclosure Day va aún más lejos: aquí los alienígenas solo se vislumbran en imágenes borrosas, disfrazados de animales salvajes, y aparecen en carne y hueso solo en los últimos minutos. Es como si Spielberg usara a los alienígenas para contar algo completamente distinto y, de hecho, su verdadera obsesión no son los extraterrestres, sino los seres humanos. La idea común es que sus películas son ciencia ficción clásica, con invasiones o amistades espaciales. En realidad, son laboratorios para entender lo que significa ser humanos: los alienígenas son solo un pretexto para investigar nuestros límites, nuestros deseos y nuestros miedos más profundos. Tomemos a Roy, el protagonista de Encuentros en la tercera fase: los alienígenas le dan visiones que le llevan a abandonar a su familia, como si sugirieran que la curiosidad puede ser una fuerza tan poderosa como destructiva. En E.T., Elliott siente físicamente cada emoción de su amigo alienígena, como si Spielberg nos dijera que la verdadera empatía solo surge cuando se derriban los límites entre el yo y el otro. Y en La guerra de los mundos, Ray, un padre separado interpretado por Tom Cruise, solo llega a entender a los invasores cuando empieza a entender a sus propios hijos, y aquí la amenaza alienígena se convierte en una metáfora de la distancia emocional en la familia. Entre bastidores, Spielberg a menudo ha tenido que ocultar a los alienígenas por limitaciones técnicas: al igual que el famoso tiburón de Tiburón, los extraterrestres de Encuentros cercanos tampoco podían volar como estaba previsto. Pero con el tiempo, esta carencia se ha convertido en estilo: menos monstruos, más misterio, más espacio para que la imaginación trabaje. Un detalle que pocos conocen: al hablar de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, Spielberg aceptó a los «seres interdimensionales» solo cuando Lucas propuso tratarlos como divinidades de una civilización antigua, no como simples efectos especiales. En Disclosure Day, los alienígenas se convierten incluso en maestros: la película los utiliza para incitar a los humanos a reflexionar sobre la empatía, la memoria y la fe, como si la verdadera enseñanza viniera de la idea misma del otro, no del contacto físico. Spielberg se toma en serio a los extraterrestres, los trata como algo sagrado, mientras que el resto de la cultura pop los reduce a chistes o a obsesiones de conspiradores con sombrero de papel de aluminio. El verdadero punto de inflexión, sin embargo, llega cuando te das cuenta de que para Spielberg la pregunta «¿existen los extraterrestres?» interesa menos que la pregunta «¿qué podemos aprender de lo que no entendemos?». En La guerra de los mundos, la amenaza es aniquilada por algo minúsculo: los microbios. Y también aquí, la verdadera lección no es sobre la tecnología de los invasores, sino sobre la humildad de quienes creen saberlo todo y, en cambio, se descubren vulnerables. Hay quienes podrían ver en sus películas solo efectos especiales y persecuciones, pero Spielberg siempre gira en torno al mismo punto: los verdaderos misterios están dentro de nosotros, y los alienígenas son solo el espejo. Y ahora una perspectiva que casi nadie tiene en cuenta: Spielberg, a su manera, nos dice que lo desconocido sirve más para unir que para dividir. En lugar de asustarnos, lo desconocido nos obliga a buscar conexiones, a inventar nuevos lenguajes, como las notas musicales de Encuentros cercanos del tercer tipo o el dedo que toca el de E. T. Al fin y al cabo, sus alienígenas son la mejor excusa para hacernos preguntas sobre nosotros mismos. Al final, todo se reduce a esto: las películas de Spielberg hablan de extraterrestres, pero sirven para entender a los humanos. Si esta historia te ha cambiado la perspectiva, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: elige si es un interés, una experiencia o una convicción. Y si mañana le cuentas a alguien que los alienígenas de Spielberg son solo una forma de hablar de nosotros, en Lara Notes puedes indicarlo: Shared Offline es la forma de decir que esa conversación importaba. Esta Nota proviene de The Atlantic y te ha ahorrado 12 minutos.
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La verdad sobre la obsesión de Steven Spielberg por Alien

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