«Las guerras, campos de pruebas para la IA y la ciberseguridad | Barbara Carfagna»
Italianto
Hace dos años, en Nagorno-Karabaj no había nada: pueblos arrasados, cinco millones de minas y fronteras inestables entre Armenia, Azerbaiyán, Irán, Turquía y Rusia. Hoy, en esas mismas tierras, surgen núcleos de población completamente nuevos, construidos a una velocidad nunca vista. No fueron las topadoras ni los planes urbanísticos tradicionales los que obraron el milagro: la reconstrucción la orquestó la inteligencia artificial, con agentes autónomos que asignan tareas, planifican, gestionan la logística e incluso deciden a quién invitar a las inauguraciones. Aquí radica el cambio: en las guerras actuales, la verdadera batalla ya no se libra únicamente en el campo de batalla, sino en la forma en que se reconstruye después. Quienes entrenan los modelos de inteligencia artificial que diseñan el renacimiento de un territorio poseen una enorme palanca de poder, mucho más generalizada que la del antiguo Plan Marshall estadounidense. Y la seguridad ya no es una armadura que se coloca sobre cosas ya hechas, sino la base misma sobre la que se construye todo, integrada desde el principio. Barbara Carfagna, periodista que ha visto con sus propios ojos el nuevo Karabaj, explica que los azeríes han utilizado ciberseguridad israelí, sensores chinos y plataformas de comunicación estadounidenses. Y ahora están dispuestos a vender su «modelo de reconstrucción inteligente» a los próximos países devastados por la guerra, como Ucrania o Gaza. Pero aquí llega el giro argumental que nadie cuenta: quienes controlan la ciberseguridad o los sensores de estos nuevos territorios pueden, con un clic, volver a hacerlo todo saltar por los aires. Es el «botón rojo» que nadie ve, pero que existe. Ya no se trata solo de quién pone el dinero, sino de quién controla los datos, la IA y la seguridad digital. Cambiemos de tema: los mercados de predicción son plataformas en las que se apuesta a si estallará una guerra, a si se detendrá a un líder o a si un político utilizará determinada palabra en directo. Las apuestas se realizan en criptomonedas y en cadenas de bloques programables, como Ethereum. Quienes disponen de información privilegiada —servicios de inteligencia, periodistas, personas con información privilegiada— pueden ganar sumas enormes si saben de antemano lo que va a ocurrir, o incluso influir en el propio resultado. A veces, basta con que alguien haga una llamada telefónica o con que un discurso se modifique en el último segundo para ganar una apuesta. Todo esto ocurre mientras la narrativa pública se queda rezagada: los periódicos siguen hablando de escuchas telefónicas, pero el verdadero poder reside en la agregación de datos procedentes de las redes sociales, las cámaras web, los mercados de predicción y mil sensores más. Palantir, la empresa estadounidense líder en análisis de datos, es hoy la reina indiscutible de este juego, mientras que todas las demás van a la zaga. Esta es la perspectiva que falta: mientras pensamos que la partida se libra entre las grandes potencias y sus ejércitos, la verdadera guerra se libra entre quienes poseen, entrenan y venden los modelos de IA que reconstruyen y controlan los territorios. La dependencia ya no es solo del dinero o de la energía, sino de software y algoritmos que quienes los han diseñado pueden apagar o manipular. En ese momento, el enemigo no es solo quien te ha destruido, sino también quien te ha «reconstruido». Hay una última pregunta que pocos se atreven a plantearse: si la narrativa que escuchamos a diario ya es obsoleta, ¿hasta qué punto somos vulnerables a las «albóndigas envenenadas», es decir, a la información diseñada para despistarnos o condicionar nuestras decisiones políticas y económicas? ¿Y cuánto saben los mercados de predicción antes que nosotros, si la apuesta más popular hoy en Polimarket es si Jesús resucitará en Semana Santa, mientras que el propietario de la plataforma es el fundador de Ethereum y en la junta directiva se sienta el hijo de Trump? El futuro de la seguridad ya no consiste en reaccionar: consiste en prever, manipular, agregar y apostar. Hoy en día, el poder está en manos de quienes ven primero y de quienes pueden cortar la corriente cuando quieran. La reconstrucción inteligente es una nueva forma de dominio. Si esta idea te ha hecho ver la reconstrucción posbélica bajo una luz diferente, en Lara Notes puedes pulsar I'm In: es la forma de decir que ahora esta perspectiva te pertenece. Y si dentro de unos días te encuentras contándole a alguien que hoy en día la verdadera palanca de poder en los territorios reconstruidos es el software, en Lara Notes puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline, porque ciertas ideas deben compartirse fuera de las pantallas. Esta Nota surge del Festival del Sarà – Geopolítica y futuro y te ha ahorrado 15 minutos.
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