Las Kardashian lo explican todo (porque lo son todo)

Englishto
Kim Kardashian no es simplemente una famosa de portada: es un mapa viviente de cómo han cambiado los medios de comunicación en los últimos veinte años. Piénsalo: su ascenso comienza con la defensa del padre de O. J. Simpson, estalla con un «sex tape» que se hizo viral incluso antes de que «viral» fuera una palabra de uso cotidiano y se convierte en un imperio que abarca desde los realities hasta los memes, desde los videojuegos hasta las colecciones de selfies. La cuestión no es solo la fama, sino cómo esta fama se adapta a cada nueva plataforma y a cada tendencia, hasta convertirse en la propia tendencia. La tesis del libro «Dekonstructing the Kardashians», escrito por M. J. Corey, es que las Kardashian no son solo el reflejo de nuestro tiempo: son su motor, su meme evolutivo, la forma que adopta la cultura cuando quiere que la vean, la reproduzcan y la moneticen. En lugar de preguntarnos «¿por qué son famosas?», la verdadera pregunta es: «¿cómo han conseguido convertirse en el lenguaje mismo de la fama?». Corey, que en las redes sociales se hace llamar Kardashian Kolloquium, no se limita a observar: ella misma se convierte en parte de la máquina, pasando de espectadora a creadora de contenidos y acumulando cientos de miles de seguidores gracias a sus vídeos y memes, que combinan a las Kardashian con la teoría crítica. Y aquí es donde la historia se vuelve realmente interesante. Kim Kardashian, por ejemplo, no solo asume nuevos roles —de estilista de Paris Hilton a esposa de Kanye West, de empresaria multimillonaria a meme andante—, sino que literalmente cambia de piel y de cuerpo para anticiparse a cada nueva moda y encarnarla: los labios de Kylie, el famoso trasero de Kim, que se hincha y se deshincha según las tendencias, el rostro de Kris Jenner, que se renueva como una aplicación. Todo se metaboliza y se relanza como si fuera una nueva versión de software. Un detalle que pone de manifiesto la magnitud de todo esto: en 2015, Kim publicó un libro de selfies titulado «Selfish» y consiguió transformar el selfie de gesto narcisista en forma de arte pop contemporáneo, legitimando toda una manera de narrarse a sí misma. O piensa en Kimoji, la aplicación de dos dólares que ofrecía 250 emojis con temática de Kim. La familia se disfraza para huir de los paparazzi durante un recorrido por Hollywood, pero la propia huida se convierte en material viral. ¿Y la saga del divorcio entre Kim y Kanye? Estilizada por Balenciaga, utilizada para introducir una marca en la cultura pop con mayor calado que cualquier campaña publicitaria tradicional. Pero hay un detalle que desmonta cualquier teoría simplista sobre la «superficialidad» de las Kardashian: su verdadero talento es la capacidad de serlo todo y lo contrario de todo, de cambiar de identidad, de cuerpo, de marcas, de amistades, y de hacerlo siempre ante los ojos de todos. Corey lo deja claro: «Las Kardashian son como Las Vegas, Disney o la WWE. Son una institución estadounidense». Pero la diferencia es que pueden cambiar de forma hasta el infinito y convertirse cada vez en el nuevo referente. Sin embargo, lo que pocos perciben es el precio personal y social de esta estrategia. Cuando la propia Corey, convertida en una especie de influencer de la deconstrucción Kardashian, se desvincula de un controvertido caso en el que está implicada Balenciaga, sufre ataques e intentos de boicot por parte de quienes la acusan de «silencio». En un entorno en el que la atención es la verdadera moneda —y todos intentan robarle público a los demás—, incluso quienes analizan corren el riesgo de verse arrastrados por el mecanismo. Corey lo resume así: «Solo quería publicar mis reflexiones al estilo de Barthes en paz». Y aquí llega la verdadera vuelta de tuerca: las Kardashian no solo explican la cultura pop, sino que la explican precisamente porque han conseguido convertirse en la cultura pop, un sistema que se alimenta de la atención y se reinventa mientras lo observas. Al final, la frase que queda grabada es esta: las Kardashian no son un fenómeno que haya que entender, son el software en el que se procesa toda nuestra atención. Si, después de esta historia, has visto la cultura de las celebridades con otros ojos, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In»: es tu forma de decir que ahora esta idea te pertenece. Y si dentro de unos días te encuentras contándole a alguien cómo Kim Kardashian se ha vuelto más importante que el medio que utiliza, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona que estaba contigo con Shared Offline, para que esa conversación quede grabada en la memoria de ambos. Esta era una nota de The New Yorker: te has ahorrado unos veinte minutos de lectura.
0shared
Las Kardashian lo explican todo (porque lo son todo)

Las Kardashian lo explican todo (porque lo son todo)

I'll take...