¿Le elogiaban sus padres?
Germanto
Hay algo que casi nadie admite de buen grado: las personas que de pequeñas recibieron poco aprecio por parte de sus padres, de adultas suelen tener muchas más dificultades para sentirse a la altura. Y no hablamos solo de inseguridad en general, sino de efectos reales en el trabajo: desde el burnout hasta la tendencia a convertirse siempre en el «salvador» de los demás. La psicóloga Daniela Renger lo explica así: la sed de reconocimiento que surge en la infancia nos acompaña a todas partes, incluso a la oficina. Estamos acostumbrados a pensar que basta con tener un poco de autoestima para superar el pasado, pero lo cierto es que la necesidad de sentirnos reconocidos por los demás nunca desaparece por completo. Y aquí llega la sorpresa: no es solo una cuestión de la infancia. Incluso de adultos, la forma en que recibimos —o no recibimos— reconocimiento cambia nuestra trayectoria. Daniela Renger, cuya profesión consiste precisamente en estudiar la autoestima y la psicología del reconocimiento, habla de las numerosas personas que acuden a ella convencidas de que «ya es tarde» para colmar sus carencias de afecto o de autoestima. Sin embargo, afirma, el cerebro es sorprendentemente plástico: aprender a reconocer nuestros propios logros, aunque sean pequeños, cambia la forma en que nos sentimos y nos relacionamos. Daniela recuerda a una paciente que, aunque se había criado con unos padres muy distantes, se había convertido en una directiva de éxito. Sin embargo, cualquier comentario negativo, por mínimo que fuera, la hacía entrar en crisis durante días. Solo cuando empezó a felicitarse a sí misma y a reconocer sus propios progresos sin esperar el juicio de los demás, vio que realmente algo cambiaba. La ciencia lo confirma: quienes han sufrido una falta de elogios en la infancia corren el riesgo de desarrollar dos comportamientos opuestos: cerrarse en banda y evitar los riesgos por miedo al fracaso, o bien lanzarse a mil aventuras solo para conseguir por fin ese «bien hecho» que nunca llegó. Pero también hay un dato sorprendente: según investigaciones recientes, la forma en que nos elogian importa más que la cantidad. Un reconocimiento auténtico, específico y sincero es mucho más poderoso que mil cumplidos genéricos. Y no se trata solo de una cuestión personal: los empresarios que saben reconocer realmente a sus empleados también obtienen mejores resultados, menos rotación de personal y más motivación. Sin embargo, existe una vía de salida de la que se habla poco: aprender a darse a uno mismo el reconocimiento que se esperaba de los demás. Parece una frase de póster motivacional, pero es la base de las terapias más modernas sobre la autoestima. Y para quienes son padres o jefes, la lección es clara: elogiar no consiste en inflar el ego, sino en ver realmente a la persona que se tiene delante, fijarse en los detalles y ser sinceros. La próxima vez que recibas un cumplido, presta atención: ¿te impacta más si es específico? ¿Y cómo te sientes cuando no te lo hacen? El aspecto que se pasa por alto en esta historia tiene que ver con quienes rechazan los elogios. A menudo pensamos que quienes restan importancia a los cumplidos simplemente son humildes, pero detrás puede haber un malestar muy antiguo: si nadie te ha hecho sentir nunca realmente digno, aprendes a no creértelo ni siquiera cuando alguien lo intenta. Todo se reduce a un punto: la sed de reconocimiento no tiene fecha de caducidad, pero también se puede aprender a saciarla por uno mismo. Un reconocimiento sincero te cambia el día más que cien frases de cortesía. Si esta idea te ha hecho ver los elogios desde otra perspectiva, en Lara Notes puedes indicar que te afecta con I’m In, ya sea una experiencia vivida, una convicción o simplemente una curiosidad que quieras seguir explorando. Y si acabas hablando de ello con un amigo, quizá contándole lo de aquella directora que se venía abajo por una crítica, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona con la que lo habéis comentado usando Shared Offline; así, esa conversación queda registrada de verdad. Esta idea procede de Süddeutsche.de y te ha ahorrado varios minutos en comparación con el artículo original.
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