Los bebés neandertales eran enormes en comparación con los humanos modernos.
Englishto
Un bebé neandertal de seis meses podía tener el esqueleto de un niño moderno de año y medio. No exagero: este es el caso de Amud 7, un bebé hallado en una cueva cercana al mar de Galilea, en Israel. Tenía los dientes de un bebé de seis meses, pero sus huesos y su cerebro ya eran comparables a los de un bebé sapiens de entre 12 y 14 meses. Parece casi ciencia ficción, pero aquí hay una lección que pone patas arriba lo que pensamos sobre el crecimiento humano: no existe una tabla «normal» válida para todas las especies humanas. Estamos acostumbrados a pensar que crecer despacio es sinónimo de un desarrollo complejo, de un cerebro sofisticado que necesita tiempo para madurar. Pero los neandertales eran todo lo contrario: empezaban a toda velocidad, crecían rápidamente y, en los primeros años de vida, aumentaban su masa corporal y su cerebro el doble de rápido que nosotros. Y no se trataba de la rareza de un único esqueleto: Amud 7 no es un caso aislado. Ella Been, que dirigió el estudio, halló el mismo patrón en otros dos neandertales pequeños, uno de dos años en Siria y otro de tres años en Francia. Todos ellos eran enormes en comparación con los sapiens de la misma edad, con los huesos meses por delante de los dientes. Lo más fascinante es que este crecimiento acelerado se detenía en un momento determinado: hacia los siete años, los niños neandertales y los niños sapiens volvían a seguir el mismo ritmo. Según Been, esta aceleración inicial era una adaptación despiadada. Vivir en entornos gélidos implicaba tener que crecer rápido, porque un cuerpo pequeño pierde calor con rapidez. Los neandertales necesitaban volverse «robustos» lo antes posible. Chris Stringer, una gran figura de la paleontología, afirma que se han identificado tres fases concretas: en la primera infancia, los dientes y el cuerpo crecen a la vez; luego, durante la infancia, el cuerpo y el cerebro se adelantan, mientras que los dientes se quedan atrás; en la niñez avanzada, todo vuelve a sincronizarse, pero el cerebro continúa su carrera. ¿Y cuándo se convertían en adultos? Los neandertales no eran gigantes; al contrario: eran fornidos, pero con una complexión similar a la nuestra. Hay un detalle que rara vez se menciona: nuestros primos extintos no eran simplemente «más fuertes» o «más primitivos». Estaban organizados de manera diferente desde las primeras semanas de vida. Intenta imaginar lo que significa tener que invertir tanta energía en el crecimiento en tan solo unos meses: probablemente, la infancia neandertal era más arriesgada, pero también más intensa. Ahora bien, la cuestión que casi siempre se pasa por alto cuando se habla de los niños de la antigüedad es la siguiente: el crecimiento no es solo biología, es supervivencia. ¿Por qué no ha evolucionado la misma estrategia en nosotros, los sapiens? Tal vez porque hemos apostado por una infancia larga, más tiempo para aprender, más espacio para la cultura. Pero la naturaleza de los neandertales era: crece rápido, resiste, adáptate enseguida. En resumen: olvídate de la idea de que los niños siempre han sido «pequeños e indefensos». Para los neandertales, la infancia era una carrera contra el tiempo y contra el frío. Si esta perspectiva te sorprende, en Lara Notes puedes pulsar «I'm In»: no es un «Me gusta», sino tu forma de decir que esta historia ahora forma parte de tu manera de ver el crecimiento humano. Y si mañana en la cena le cuentas a alguien que los bebés neandertales eran minigigantes en comparación con nosotros, en Lara Notes puedes etiquetar a los presentes con Shared Offline: así esa conversación no se pierde. Este relato procede de New Scientist y te ha ahorrado casi ocho minutos de lectura.
0shared

Los bebés neandertales eran enormes en comparación con los humanos modernos.