Marcel Gauchet, historiador y filósofo: «El progresismo ha jugado en contra de su propio bando y ha dado la espalda al espíritu de la democracia»
Frenchto
Cuando el progresismo se vuelve contra la democracia.
Imagina un mundo en el que los mismos movimientos destinados a expandir la libertad y la democracia terminan socavándolas. Este es el provocador argumento que se encuentra en el corazón de una entrevista con el historiador y filósofo Marcel Gauchet, quien explora el destino del progresismo desde la agitación intelectual de mayo de 1968 hasta la era actual, moldeada por figuras como Donald Trump.
La perspectiva de Gauchet está arraigada en una vida dedicada a analizar la evolución de la democracia y la sociedad secular. Recuerda haber participado en el ala vibrante y espontánea de mayo de 1968, un movimiento unido por un profundo rechazo a las tendencias totalitarias, ya fueran comunistas o de otro tipo. Este momento estuvo marcado por el deseo de remodelar la sociedad, no a través de rígidas estructuras de partido, sino a través de una búsqueda pluralista y de forma libre de un auténtico espíritu democrático.
Pero décadas después, Gauchet identifica un cambio radical. Los ideales que una vez alimentaron la acción colectiva y la esperanza, argumenta, se han convertido en una forma de despolitización. En lugar de empoderar a los ciudadanos, el triunfo del individualismo neoliberal y un enfoque libertario en las cuestiones sociales han llevado a una erosión del sentido de propósito común. Los movimientos progresistas, sugiere, han dado la espalda paradójicamente al núcleo de la democracia: la capacidad de afrontar juntos realidades incómodas y forjar soluciones compartidas.
La entrevista analiza cómo la energía radical de los años sesenta, que buscaba liberar a los individuos de los sistemas opresivos, contribuyó finalmente a una cultura en la que la libertad personal eclipsa la responsabilidad colectiva. Este cambio, según Gauchet, ha allanado el camino para la polarización ideológica y un retroceso de la esfera pública, dejando a la democracia vulnerable a las convulsiones populistas y a la política de los hombres fuertes.
Lo que se desprende es un retrato de una sociedad atrapada entre las promesas de progreso y los peligros de la fragmentación. Las reflexiones de Gauchet nos desafían a reconsiderar lo que significa ser progresista hoy en día y si la verdadera democracia puede sobrevivir sin un compromiso renovado con la participación política y las realidades compartidas.
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