Martin Scorsese: asesor y socio de Black Forest Labs, críticas de creativos

Germanto
Martin Scorsese, el director de Taxi Driver y The Irishman, es ahora consultor de una empresa emergente de inteligencia artificial en la Selva Negra, en Alemania. ¿Suena extraño? Hay un detalle que desconcierta: uno de los mayores enemigos declarados de la tecnología que invade el cine ahora ayuda a desarrollar precisamente la tecnología que podría cambiar para siempre la forma en que se conciben las películas. La creencia común es que los grandes artistas siempre se oponen a cualquier avance tecnológico que corra el riesgo de banalizar la creatividad. Pero Scorsese, en lugar de cerrarse en banda, se sienta en el sofá de una oficina de Nueva York para hablar de «prompts» y escenarios digitales con jóvenes que podrían tener menos de la mitad de su edad. Su nombre, para quienes trabajan en Black Forest Labs, no es solo una firma: es una especie de escudo contra las críticas de los creativos que temen que la inteligencia artificial convierta el cine en comida rápida. Uno de los jóvenes emprendedores que se reunieron con Scorsese cuenta que este escucha, asiente y luego pregunta: «¿Qué queréis contar realmente con esta tecnología?». No se queda en la superficie, busca el sentido profundo. Por otro lado, hay quienes ven en Scorsese a una especie de traidor: ¿cómo puede alguien que siempre ha defendido la película y el trabajo humano ayudar ahora a quienes quieren automatizar la creatividad? Pero aquí está el punto de inflexión. A Scorsese no le fascina la velocidad o el ahorro de costes, sino la posibilidad de sacar a la luz historias que de otro modo permanecerían invisibles. Cuenta un episodio: cuando era joven, no tenía los medios para rodar sus primeras películas, pero si hubiera tenido herramientas como las que están surgiendo ahora, tal vez habría podido contar su Bronx mucho antes. Es un punto que a menudo falta en los discursos sobre la IA creativa: no se trata solo de «quitar trabajo», sino también de «dar voz» a quienes nunca la han tenido. Las cifras asustan: según un estudio reciente, el 60 % de los creativos teme que la IA reduzca el valor de su trabajo. Pero pocos hablan del 40 % que ve en ella una oportunidad de expresión nunca antes vista. Y aquí es donde se produce el cortocircuito. ¿Puede la IA ser realmente una herramienta de democratización creativa? ¿O es solo la próxima máquina de hacer dinero disfrazada de revolución? Imagina la escena: Scorsese, entre una broma y una mirada penetrante, pregunta a los jóvenes fundadores de Black Forest Labs si alguna vez han pensado en lo que sucede cuando quienes no tienen acceso a los platós pueden finalmente rodar su película. Hay quienes le creen y quienes lo miran con recelo. Pero la pregunta sigue en pie: ¿es mejor un mundo en el que unos pocos deciden lo que se ve o uno en el que todos pueden contar su propia historia, incluso con la ayuda de una máquina? Quienes se empeñan en defender la pureza del cine a menudo olvidan que el propio Scorsese, cuando era joven, era visto como un outsider que quería romper las reglas. La frase que queda grabada es esta: «No es la tecnología la que cuenta la historia, sino quien la usa». Si esta perspectiva te ha hecho ver la relación entre la creatividad y la IA con otros ojos, en Lara Notes puedes indicarlo con I'm In: es la forma de decir que esta pregunta ahora te concierne. Y si le cuentas esta historia a alguien, en Lara Notes puedes etiquetar a la persona con Shared Offline, para que quede constancia de que habéis hablado de un futuro en el que también el cine cambia de piel. Todo esto proviene de DER SPIEGEL y te ahorra esos minutos que habrías pasado buscando el sentido entre suscripciones y muros de pago.
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Martin Scorsese: asesor y socio de Black Forest Labs, críticas de creativos

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