¿Me prestas un euro?
Germanto
El teléfono rojo situado encima de la barra de pan no es un teléfono de emergencias de verdad, sino una broma. Está colgado donde Denis Maximov vende pasteles o piroshki, pero es un símbolo de la absurda situación en la que se encuentran actualmente muchos empresarios rusos. Y es que el Estado recauda tanto dinero de las empresas para la guerra de Putin que parece que tuviéramos que llamar constantemente al Kremlin y preguntar: «¿Te sobra un rublo?».La mayoría de la gente cree que las sanciones afectan a Rusia principalmente a través del comercio con Occidente. Sin embargo, lo que a menudo se pasa por alto es que, en la actualidad, son las empresas rusas y sus empleados quienes pagan el coste real de la guerra, de forma directa y palpable, día tras día. El Gobierno necesita miles de millones para la guerra en Ucrania. Por eso, se inventan nuevos impuestos y se suben las tasas. Para muchas empresas, esta es la gota que colma el vaso. Denis Maksimov, el panadero del teléfono rojo, es un ejemplo de los miles de personas que de repente se preguntan cómo van a pagar los salarios. Maximov solía ser optimista y había invertido; ahora afirma: «Ya no me llega para nada».Las cifras hablan por sí solas: desde el inicio de la guerra, los impuestos de sociedades en Rusia han aumentado hasta en un 30 %. La inflación se come los beneficios y los salarios no pueden seguir el ritmo de los precios. Una anécdota personal: un conocido de Maximov cerró su pequeña cafetería porque la carga fiscal se había vuelto demasiado elevada. «Lo intentamos todo», afirma. «Al final, la Agencia Tributaria llegó antes que los clientes».Y mientras en Occidente muchos se fijan en el precio del petróleo y en las sanciones, en el día a día de las ciudades rusas la realidad es otra: la «operación especial», como Putin denomina a la guerra, se paga con el dinero de la población. Lo que casi nadie tiene en cuenta es que esta hemorragia financiera afecta precisamente a la clase media, a las personas que hasta ahora han sido la columna vertebral del país. ¿Sería posible que esta solidaridad forzada se resquebrajara en algún momento? ¿Que el descontento deje de quedar solo a puerta cerrada? Quienes conocen el sistema ruso saben que el miedo al Estado es grande, pero la ira crece silenciosamente con cada rublo que falta. La frase que queda: la guerra de Putin no solo cuesta rublos, sino que afecta a cada panadería y a cada familia. Si, después de leer esta historia, sientes que tu percepción de las sanciones y del coste de la guerra ha cambiado, puedes utilizar I'm In en Lara Notes: así expresarás que ahora compartes esta perspectiva. Y si en algún momento hablas con alguien sobre los costes ocultos de la guerra de Putin, en Lara Notes existe la opción Shared Offline: así, vuestra conversación no caerá en el olvido. El texto procede de Süddeutsche.de. Has ahorrado casi medio minuto.
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