No veo imágenes en mi mente. ¿Puedo desarrollar la visión mental con entrenamiento?
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Imagina que cierras los ojos e intentas visualizar un pájaro tropical llamado potoí: cabeza redonda como una pastilla, plumas marrones y un pico enorme que se abre en una sonrisa rosa. Ahora bien, hay quienes ven de inmediato una escena vívida en su mente y quienes, en cambio, no ven nada, solo oscuridad. Este segundo grupo son las personas con afantasía: una afección en la que la mente no produce imágenes visuales. Aquí viene la sorpresa: la mayoría de nosotros pensamos que ver imágenes en la cabeza es algo universal, pero en realidad alrededor del 4 % de la población nunca ha visto nada en su mente, y a menudo no se da cuenta de ello durante décadas. El artículo narra precisamente esta experiencia, en la que la periodista descubre la palabra «afantasía» a los treinta años, después de haber creído siempre que «imaginar» significaba simplemente enumerar palabras, no ver imágenes internas. El protagonista que la ayuda a profundizar en el tema es Alec Figueroa, un coach especializado en ejercicios de visualización mental. Él mismo no padece afantasía, pero ha creado un programa al que se han sumado más de 90 personas, algunas de las cuales afirman haber experimentado «puntos de inflexión», aunque solo haya sido ver por un instante los colores de una puesta de sol en la mente. Sin embargo, la ciencia es muy cautelosa: según Reshanne Reeder y Adam Zeman, neurocientíficos que estudian la afantasia, no existen pruebas sólidas de que realmente se pueda «activar» la mente visual mediante el entrenamiento, al menos en el caso de quienes parten de cero. Existen experimentos objetivos: por ejemplo, las personas que ven imágenes en la mente presentan cambios en las pupilas cuando imaginan la luz o la oscuridad, mientras que las personas con afantasia no. También existen pruebas como la rivalidad binocular, en la que la mente «se fija» en dos imágenes superpuestas (una roja y otra azul): solo quienes poseen imaginación visual consiguen que el color elegido prevalezca mentalmente. Pero la historia se complica: durante sus sesiones de entrenamiento, la periodista se da cuenta de que «siente» el espacio en su cabeza; por ejemplo, imagina su habitación después de vender el sofá y percibe el vacío donde antes estaba el objeto. Esto lleva a Zeman a explicar que, en realidad, la imaginación mental no consiste únicamente en ver objetos, sino también en percibir el espacio. Y las personas con afantasía suelen tener una gran imaginación espacial, incluso superior a la media, aunque no vean imágenes visuales. Por su parte, Harry O’Connor, uno de los pacientes de Figueroa, anhela poder ver en su mente los rostros de sus seres queridos, mientras que otras personas con afantasía no querrían cambiar nada: en un congreso, la mitad de los asistentes deseaba una cura, mientras que la otra mitad se oponía a ella. No faltan las sorpresas: hay escritores de fantasía e ilustradores con afantasía, y quienes no ven imágenes tienen menos probabilidades de sufrir flashbacks traumáticos o alucinaciones visuales. La verdadera pregunta pendiente es la siguiente: ¿es la afantasia un límite biológico realmente insuperable o se puede entrenar a la mente para ver? Los estudios futuros intentarán desentrañarlo, pero, por ahora, quienes prueban los entrenamientos a menudo se dan cuenta de algo distinto: no tanto de ver imágenes, sino de descubrir la riqueza de su interioridad, compuesta por emociones, sensaciones y espacios, incluso sin visiones mentales. «Un mundo interior puede ser rico aunque permanezca envuelto en la oscuridad», concluye la periodista. Si crees que no ver imágenes en la mente es algo extraño, ahora sabes que es solo una de las muchas vías de la conciencia. En Lara Notes hay un gesto que no encontrarás en ningún otro lugar: I’m In. No es un corazón, ni un pulgar hacia arriba. Es tu declaración: esta perspectiva te concierne. Y, si hablas de afantasia con alguien, en Lara Notes puedes etiquetarle con Shared Offline, porque esa conversación merece que se recuerde. Este tema procede de New Scientist y te ha ahorrado unos trece minutos de lectura.
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