Olvídate del multiverso. En el pluriverso, creamos la realidad juntos.

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Si crees que la física afirma que el presente no existe, escucha esto: según algunas de las mentes más radicales de la ciencia, el «aquí y ahora» no solo existe, sino que somos nosotros mismos quienes lo construimos, en cada instante, juntos. La tesis es la siguiente: la realidad no es un escenario prefabricado en el que todo se desarrolla según un guion, sino una especie de «jazz» colectivo, en el que cada uno de nosotros, con sus decisiones, toca una nota que cambia la música para todos. Para entenderlo, es necesario cuestionar la idea más arraigada que tenemos: que existe un universo objetivo, independiente de nosotros, en el que el tiempo transcurre igual para todos. Pero no es así. Michel Bitbol, filósofo de la física, lo afirma sin tapujos: «No puedes separarte del mundo». Y John Wheeler, uno de los gigantes de la teoría cuántica, ya había colocado la bomba bajo la mesa hace medio siglo, con su experimento de la elección retardada. Imagínate lo siguiente: unos físicos disparan fotones contra una pantalla con dos rendijas. Si nadie observa qué camino toma el fotón, parece pasar por ambas, como una onda. Sin embargo, si lo observan, se comporta como una partícula y toma un único camino. Hasta aquí, el clásico misterio cuántico. Pero Wheeler va más allá: ¿qué ocurre si decides realizar la observación solo después de que el fotón ya haya pasado? Lo que ocurre es que tu elección parece influir no solo en el presente, sino también en el pasado del fotón. Wheeler lo denominaba «una extraña inversión del orden normal del tiempo». De aquí surge la idea de que no existe una realidad separada de quien la observa, sino únicamente posibilidades que se materializan cuando formulamos preguntas. Él lo resumía así: «it from bit»: la realidad surge de la información que creamos con nuestras elecciones. Christopher Fuchs, físico cuántico y alumno de Wheeler, toma esta intuición y la lleva a sus consecuencias más extremas con su interpretación denominada QBismo. Para Fuchs, las reglas cuánticas no describen objetos que existen en el exterior, sino que vinculan nuestras creencias personales sobre lo que podríamos observar. La famosa regla de Born, que normalmente predice la probabilidad de un resultado, se convierte aquí en una guía para actualizar nuestras expectativas en función de la experiencia. En esencia, el mundo no es algo que haya que descubrir, sino que hay que construir, acción tras acción. Y, en lo que respecta a la percepción, la neurociencia no se queda atrás. Anil Seth, neurocientífico, lo deja claro: lo que vemos —la taza sobre la mesa, el gato en el sofá— no es la realidad objetiva, sino la mejor hipótesis que formula nuestro cerebro, basada en nuestra historia personal y en nuestras creencias. ¿Recuerdas el vestido que se hizo viral en 2015 y que la mitad de internet veía en blanco y dorado y la otra mitad en azul y negro? Es la prueba de que cada persona ve un mundo diferente. ¿Y si, en lugar de ser simplemente ilusiones privadas, estas diferencias constituyeran precisamente el tejido de la realidad? Fuchs lleva el razonamiento aún más lejos: no existe un panorama sólido y objetivo detrás de nuestras percepciones. La realidad, afirma, es un pluriverso, una comunidad viva de infinitos «ahoras» entrelazados, en la que cada experiencia personal contribuye a crear lo que existe. No somos burbujas aisladas: existe una regla que mantiene unidas nuestras perspectivas —la nueva versión cuántica de la regla de Born— que impone límites y vínculos entre nuestras creencias, aunque nadie pueda ver el mundo desde arriba y saber cómo es realmente. Y aquí llega el giro argumental: según el QBism y el enactivismo, no solo los humanos participan en esta creación. Incluso una ballena, una planta que se vuelve hacia el sol o incluso una red de moléculas pueden tener una perspectiva, actuar e influir en su propio microuniverso. Según esta visión, la realidad no fue creada de una vez por todas por el Big Bang y luego abandonada, sino que se renueva en miles de millones de pequeños destellos creativos, cada vez que alguien —o algo— toma una decisión. Si te han enseñado que la ciencia busca la verdad objetiva, aquí llega la vuelta de tuerca: quizá la realidad objetiva sea la verdadera ilusión, y lo que realmente importa sean los mundos que construimos al compartir perspectivas, cultura y experiencias. La ciencia en sí, afirma Ezequiel Di Paolo, no es la mirada de Dios sobre el cosmos, sino una forma especialmente rigurosa de aunar nuestras visiones. La frase que hay que recordar es esta: la realidad no es una película ya escrita, sino un mosaico que creamos juntos, un «pluriverso» en el que cada elección deja huella. Si esta idea ha cambiado tu forma de ver el mundo, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: no solo estás dando tu aprobación, sino que estás diciendo que ahora esta perspectiva también es la tuya. Y cuando le cuentes a alguien que la física no habla de un universo, sino de infinitos mundos entrelazados, puedes etiquetar esa conversación con Shared Offline: es la forma de decir que una charla realmente ha cambiado algo. Todo esto procede de New Scientist y te ha ahorrado más de veinte minutos de lectura.
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Olvídate del multiverso. En el pluriverso, creamos la realidad juntos.

Olvídate del multiverso. En el pluriverso, creamos la realidad juntos.

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