Para el filósofo Henri Bergson, la risa resuelve un serio enigma humano: cómo mantener nuestra mente y nuestra vida social elásticas
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El poder elástico de la risa: la filosofía de la comedia de Bergson.
Imagina la risa no como un placer fugaz, sino como una fuerza vital que mantiene nuestras mentes y vidas sociales flexibles, receptivas y libres. Esta es la sorprendente visión del filósofo francés Henri Bergson, quien se propuso abordar un acertijo que pocos antes que él habían reflexionado seriamente: ¿por qué nos reímos y qué hace realmente la risa por nosotros como individuos y como sociedad?
Bergson observó que, a diferencia de las lágrimas o la ira, la risa es un fenómeno exclusivamente humano. Incluso cuando nos reímos de animales u objetos, es porque reconocemos algo humano en ellos: piensa en la fama viral de un gato de aspecto gruñón o una verdura con forma sospechosamente parecida a una cara. Para Bergson, la risa siempre apunta a nosotros mismos y a nuestras peculiaridades.
La risa, argumentó, es alérgica a las emociones fuertes. La profunda compasión o el miedo pueden sofocar nuestro sentido del humor, y aquellos que se ríen de manera inapropiada a menudo se ven rechazados. Sin embargo, en momentos difíciles, una broma oportuna puede crear distancia con el dolor, ofreciendo un alivio catártico al permitirnos ver nuestros problemas desde una nueva perspectiva. Y la risa rara vez es un acto solitario; prospera en compañía, haciendo eco dentro de los grupos y consolidando los lazos que mantienen unidas a las sociedades. Incluso cuando nos reímos solos, nos imaginamos a un público: la risa es, en esencia, un evento comunitario.
Pero, ¿qué desencadena esta risa? Bergson vio un patrón: nos reímos de la rigidez, de la interrupción mecánica del flujo vital de la vida. La comedia de payasadas, las caídas y hasta el clásico profesor despistado apuntan a momentos en los que la adaptabilidad humana falla y nos volvemos predecibles, repetitivos, casi como máquinas. El hombre que se resbala con una piel de plátano, el personaje atrapado en una rutina, el juego de palabras que expone la rigidez del lenguaje: todo esto revela un déficit en la flexibilidad que exige la vida.
La comedia, entonces, se convierte en un suave correctivo social. Nos aleja de los peligros de la inflexibilidad y la excentricidad que pueden alterar el delicado equilibrio de la vida social. Bergson comparó la risa con una sanción social leve pero persistente, una forma de que la sociedad fomente la elasticidad y la adaptabilidad en sus miembros. Incluso la virtud, cuando se lleva a extremos rígidos, puede volverse ridícula e invitar a la misma fuerza correctiva.
Las ideas de Bergson elevan la comedia del mero entretenimiento a una función humana crucial. La risa nos recuerda que debemos estar alerta, ser adaptables y estar en sintonía con quienes nos rodean. Castiga la rigidez y recompensa la elasticidad, ayudándonos a evitar las trampas del hábito y la autoabsorción. Al final, la risa no es solo diversión, es la forma en que nos mantenemos a nosotros mismos y a nuestras comunidades vivos y libres.
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Para el filósofo Henri Bergson, la risa resuelve un serio enigma humano: cómo mantener nuestra mente y nuestra vida social elásticas