Para las hormigas, una «estación de limpieza» en el desierto
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Imagina que estás en el desierto de Arizona y ves a un grupo de hormigas gigantes que se detiene, inmóvil, frente al nido de otras hormigas mucho más pequeñas. No están luchando, no están huyendo: se quedan allí, como si esperaran algo. Esto ocurrió de verdad, y la escena la inmortalizó Mark Moffett, entomólogo del Smithsonian, quien, mientras tomaba un café detrás de una casita en Portal, Arizona, se encontró ante esta coreografía tan extraña. Las hormigas rojas, llamadas «harvester», salían de su nido y se acercaban a las entradas de las madrigueras de las diminutas hormigas «cone». Y, en lugar de ignorarse o pelear, las hormigas grandes se quedaban allí quietas, en una postura incómoda, mientras las hormigas pequeñas se subían literalmente sobre ellas y empezaban a lamerlas y mordisquearlas. Moffett, que se encontraba allí por pura casualidad, pensó de inmediato en los peces limpiadores, esos peces que viven en los arrecifes y limpian a otros peces más grandes comiéndose sus parásitos. Solo que aquí no estamos en el océano, sino entre la arena y las espinas del desierto. Durante veinte años, esas fotos permanecieron apartadas, archivadas, porque Moffett creía que no disponía de datos suficientes para entender realmente lo que estaba ocurriendo. Más tarde, al volver a revisarlas después de todo este tiempo, se dio cuenta de que la historia ya estaba toda ahí. No la ha publicado hasta ahora, en un artículo de Ecology and Evolution, en el que explica que entre estas dos especies se ha establecido una asociación: las hormigas C. luteus ofrecen un auténtico servicio de limpieza a las hormigas C. harvester, que se quedan quietas y se dejan «lavar» como si estuvieran en un túnel de lavado. Otro científico, Daniel Kronauer, de la Universidad Rockefeller, que sabe mucho de hormigas, lo ha calificado de «un descubrimiento único» y ha afirmado que es un gran admirador de estas pequeñas observaciones de la naturaleza, que pueden cambiar el rumbo de toda una investigación. Lo sorprendente es que nadie había documentado nunca un comportamiento similar entre hormigas en el desierto: un auténtico lavadero de coches entre dos especies que, por lo general, se ignorarían o se pelearían por el territorio. Pero en este rincón de Arizona, han encontrado la manera de beneficiarse mutuamente. Y hay un detalle personal que hace que la historia resulte aún más fascinante: todo surgió de un momento de pausa, un café al amanecer, y del instinto de un entomólogo de observar realmente lo que ocurría a su alrededor, sin dar nada por sentado. El error que solemos cometer es pensar que la colaboración entre especies es algo raro, quizá solo en los documentales. Sin embargo, aquí ocurre ante nuestros ojos, incluso entre diminutas criaturas que viven en el desierto. Entonces, si incluso las hormigas han inventado su propia estación de lavado, ¿qué nos estamos perdiendo nosotros cuando no levantamos la vista del móvil? La frase que hay que recordar es esta: incluso en el desierto, la colaboración puede ser la estrategia ganadora. Si esta historia te ha hecho cambiar de perspectiva, en Lara Notes puedes indicarlo con I’m In: elige si se trata de un interés, una experiencia o una convicción. Y si mañana le hablas a alguien de estas hormigas que se lavan el coche, en Lara Notes puedes dejarlo constatado: Shared Offline es la forma de decir que esa conversación fue importante. Esta nota procede de The New York Times y te ha ahorrado más de treinta segundos de lectura.
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Para las hormigas, una «estación de limpieza» en el desierto