Pedido sin pedido
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Lo que hoy llamamos orden mundial es, en realidad, una especie de caos organizado que se parece más a la Edad Media que a cualquier equilibrio moderno. Parag Khanna afirma que nuestra obsesión por encontrar un «nuevo orden mundial» nos hace perder de vista lo más importante: quizá no haya un orden único, y eso está bien. En lugar de preguntarnos quién sustituirá a Estados Unidos o a Occidente como potencia dominante, deberíamos darnos cuenta de que, en realidad, nadie está ocupando ese lugar y de que el mapa del poder se está fragmentando en miles de centros diferentes. La tesis de Khanna es clara: creemos que estamos en una competición entre potencias mundiales por el liderazgo, pero el mundo está evolucionando hacia una especie de «nueva Edad Media», en la que numerosas autoridades se superponen, se entrecruzan y nadie gobierna realmente sobre todo. Ya no se trata solo de Estados: existen imperios, empresas transnacionales y comunidades digitales sin patria. Hedley Bull, uno de los primeros en hablar de esta «sociedad anárquica», afirmaba que, antes de los Estados-nación europeos, el poder se disputaba entre reyes, señores y el papa, cada uno con su propia cuota de influencia. Hoy ocurre algo similar: en Europa, tras años de inmovilidad, la Unión Europea se está moviendo para no depender de Estados Unidos, está acelerando en materia de defensa común, energía nuclear y mercados financieros, y, por primera vez, son más los estadounidenses que se trasladan a Europa que los que se trasladan a Estados Unidos. En América Latina, China había invertido miles de millones en puertos e infraestructuras, pero en pocos meses el Gobierno de Trump le dio la vuelta a la tortilla, bloqueó los contratos chinos y devolvió el flujo de petróleo venezolano a Estados Unidos. En Asia, el poder del Estado sigue siendo enorme: China tiene una capacidad estatal superior a la de cualquier imperio de la historia, mientras que ciudades como Singapur y Dubái atraen capital y talento de todas partes; ya no cuenta solo la magnitud, sino la capacidad de conectar y atraer. Y, mientras algunos Estados se convierten en gigantes, las ciudades se convierten en islas de influencia que pesan más que su territorio. Un dato sorprendente: a pesar de la guerra en Irán, la gran mayoría de la población sudasiática de los Emiratos Árabes Unidos no ha huido, e incluso muchos europeos que se habían marchado han regresado. El flujo de personas y capitales ya no sigue las viejas lógicas territoriales, sino una red de «archipiélagos» —desde Lisboa hasta Bali— por la que se mueven empresarios y cerebros. Y aquí es donde se produce la verdadera brecha: seguimos razonando con la mentalidad de las superpotencias —quién manda, quién pierde—, pero la realidad es que vivimos en un mundo en el que el poder cambia cada día, se negocia a escala local y el concepto de «orden mundial» es más una nostalgia que una fotografía. La perspectiva que a menudo falta es la de quienes viven estas interrelaciones en primera persona, quizá trabajando entre dos continentes o desplazándose de una ciudad «hub» a otra en busca de oportunidades. Para estas personas, la idea de un orden mundial único no es más que teoría: su vida es la prueba de que se puede prosperar incluso sin una dirección central. Hoy en día, el verdadero orden es la negociación continua, no la estabilidad. Si crees que siempre hace falta un nuevo equilibrio global, quizá simplemente estés acostumbrado a una historia que ya no volverá. La frase que hay que recordar: en la nueva Edad Media global, el poder no se toma, sino que se negocia cada día, en mil plazas diferentes. Si, después de esta Nota, te has dado cuenta de que pensabas en el poder mundial de forma demasiado lineal, en Lara Notes puedes decirlo con I'm In: elige si se trata simplemente de una curiosidad, de algo que has vivido o de una convicción que llevas contigo. Y si le cuentas esta idea a alguien en la próxima quedada, puedes etiquetarle con Shared Offline: en Lara Notes, es la forma de decir que una conversación en persona te ha cambiado de verdad. Este contenido procede de Foreign Policy: acabas de ahorrarte más de 15 minutos de lectura.
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